Y bajando

¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?

Ese constante recelo ante la crítica y los desafectos por parte del Gobierno pone de manifiesto varias de sus carencias. Qué le vamos a hacer. Yo lo veo así y así me han enseñado a decirlo, al menos mientras España siga siendo un país libre.

La primera y más evidente es su falta de fe en sí mismo. Se sabe hilvanado con cuatro puntadas mal dadas sobre retales de muy variada especie, con más carga ideológica que experiencia de gestión, y más ojos puestos en mantenerse que en sacar adelante el día a día.

Denota también una falta de altura intelectual en sus mandos más significativos. Cualquier líder medianamente instruido sabe que al contrapoder de la prensa se le gana la partida con una buena gobernación, no con amenazas ni mordazas propias de enanos.

Suárez, que era un hombre llegado de las catacumbas democráticas, lo entendió desde el primer momento y lo que menos le preocupó fue el chorreo de críticas que a diario caían sobre él desde la izquierda y la derecha, porque se sabía fuerte _ no era ningún erudito _, y con un trabajo a realizar muy concreto y determinado.

Aunque de Suárez a Sánchez haya una distancia sidérea, nunca pudimos imaginar que el listón pudiese bajar tanto como para poner en peligro éste y otros pilares de la convivencia alcanzada. Ahora bien, si te das una vuelta por las redes comprendes el nivelito al que hemos descendido vertiginosamente en apenas unos años.

No es que antes todos tradujéramos a Faulkner, pero es que hoy abunda quien rebuzna a Faulkner.

Finalmente, el recelo anuncia también una manifiesta querencia por la dictadura que la mitad del Gobierno siempre ha defendido y que en la otra mitad parece que alborea gozosa para desgracia de todos los que sentimos alergia ante cualquiera de sus variadas cepas.

Un comentario a “Y bajando”

  1. Tolodapinza

    Aparte de la evidentísima indigencia mental/intelectual de los políticos de hogaño (de cualquier partido) en comparación con los de antaño (también de cualquier partido), en lo que concuerdo con usted, le propongo respetuosamente material para otro artículo.

    Está corriendo por las redes una entrevista-charla de alguien supuestamente revestido de saber ─aunque no se cita su nombre─ que hace un encendido panegírico de las mujeres que lideran Gobiernos.

    Menciona a las presidentas o primeras ministras de Alemania, Nueva Zelanda, Taiwan, Islandia, Finlandia, Noruega y Dinamarca, en donde la pandemia del coronavirus ha tenido consecuencias mínimas o está casi controlada; y lo compara con las catastróficas secuelas que está teniendo en USA, UK, Italia, España, Brasil, etc., en fin, en todos los demás grandes países cuyos líderes de Gobierno son hombres.

    El experto atribuye esa diferencia (y se deshace en elogios) al pragmatismo innato de las mujeres y a su inteligencia práctica, en comparación con los excesos de “testiculina” de los hombres, y más aún si están en puestos de poder.

    Todo ese argumentario es, a mi parecer, frágil, fragilísimo. Para rebatirlo sólo hay que decir dos palabras.

    “Irene” y “Montero”, todo seguido.

    También ella es mujer, ¿verdad? Pues apuesto un brazo a que si ella fuese la primera ministra de Alemania en lugar de Angela Merkel los muertos allí ya habrían llegado al medio millón.

    Una mujer estúpida puede ser tan estúpida como un hombre estúpido. No es el sexo sino el cerebro lo que cuenta. Y las presidentas de esos países tienen cerebro y saben como usarlo No como otros u otras.

    Al hilo de esto y enlazando con el principio, cabría preguntarse también los mecanismos del porqué en tantos países llegan a la máxima responsabilidad del Estado personas tan sumamente altaneras, incompetentes, sectarias y estúpidas. Pero esa es otra historia.

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