Seijo Carballo gana la laureada en Cuba, con Queipo de Llano

“¿Pero aún estás vivo?”, le escribe el general cincuenta años después de la guerra en la isla caribeña

CINCUENTA AÑOS DESPUÉS de acabada la guerra de Cuba, cuando el siglo XX alcanza su ecuador, uno de los más brillantes soldados españoles en el conflicto, Manuel Seijo Carballo (Castroverde, 1860), se interesa a través de una carta por la salud de un compañero en la isla. Se trata de quien ha llegado a general y al que toda España conoce como “virrey de Andalucía” y también por ser el autor de las arengas más famosas de la Guerra civil desde los micrófonos de Unión Radio Sevilla, Gonzalo Queipo de Llano.

La respuesta de Queipo a su misiva lo deja fuera de combate:

_¿Pero aún estás vivo? Debes ser más viejo que un palmar.

Había cumplido los 90, pero llegará hasta los 93. Queipo tenía 75 y morirá al año siguiente, con 76.

Manuel nace en la parroquia de Santo Estevo de Furís, de Castrovede. Con 19 años ingresa voluntario en el Ejército y poco después, como resultado de un sorteo, le toca servir en Ultramar, por lo que embarca en el vapor Ciudad Condal con destino a La Habana, capital de la isla donde va a vivir los próximos veinte años de su vida.

Allí se hará comandante de Caballería y Caballero de la Real y Militar Orden de San Fernando, la laureada. También será condecorado con la cruz de María Cristina de primera clase, la Medalla de constancia del instituto de Voluntarios, la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo y con otras distinciones.

Está destinado en el Regimiento de Infantería de Tarragona, de guarnición en Holguín, donde se licencia en 1883 siendo cabo primero, para ingresar meses después como voluntario en el Arma de Caballería, hasta que en 1898, con el grado de capitán, se retira del Ejército para regresar a la península como repatriado. En 1896, Manuel Seijo es teniente de Caballería cuando recibe una grave herida en el costado mientras realiza un reconocimiento topográfico. En abril, una vez curado, emprende la marcha hacia Jajuagay como guía de una escolta de convoyes por ser él quien mejor conoce ese terreno.

En Maney espera a su columna la partida del general insurrecto José González, compuesta por más de mil hombres, que abren fuego por ambos flancos y por retaguardia en un terreno bastante accidentado.

La columna aguanta el ataque pie a tierra y continúa luego hasta la Legua, cuya loma toma Manuel Seijo al mando de tan solo veinticinco hombres de su sección. Vuelve a ser herido de bala, pero no por ello cesa de animar y ordenar a sus hombres lo oportuno hasta conseguir que el enemigo se disperse, tal como se recoge en la hoja de servicios del oficial lucense.

De regreso en Lugo, donde preside durante un tiempo el Economato Lucense, se casa con Josefa Antonia Crespo y Crespo, que fallece el año 1935. Con ella tiene cuatro hijas a las que ponen sendos nombres que comienzan con A y que con Antonia son cinco: Adelina, Amalia, Amparo y Armanda. ¿Casualidad, deseo expreso de honrar esa letra…? Políticamente milita en las filas liberales de Ángel López Pérez, y por desgracia, va a ser testigo de la muerte de dos de sus cuatro hijas.

En los últimos años de su vida sigue los avatares de la guerra de Corea y reflexiona sobre las diferencias entre un momento y otro. “Hoy la guerra es más de cabeza, y antes era más de corazón. En ambos casos, siempre llevan las de ganar los nativos”, y son muchos los ejemplos que le dan la razón a lo largo de la historia.

Fallece tres años después de recibir la contestación de Queipo, el 3 de marzo de 1953.

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