Mundín, de O Páramo a la cumbre del pasodoble

Isidro López es uno de los compositores de música española de mayor éxito una vez que supera la censura, hace hoy 76 años

EN LUGO NADIE lo conocía, pero el año 1961, Isidro López López, alias Mundín (O Páramo, 1914), había cobrado más de cien mil pesetas por derechos devengados de sus canciones y formaba parte de los autores privilegiados por el favor del público.

El santiagués Manolo Mirás, que actúa con el nombre artístico de The Orchestra man _ en competencia con John Balan, pero con instrumentos _, se extraña de que en Lugo nada diga el nombre de Isidro López, de modo que El Progreso se pone a investigar y lo presenta a sus lectores, aunque ha pasado el tiempo y el músico sigue siendo un olvidado, uno más, en su tierra.

Nace en el lugar de Mundín, dentro de la parroquia paramesa de Santa Eufemia de Vilarmosteiro y en plena infancia marcha a Madrid todavía con el título de analfabeto en su mochila, aunque con muchas ganas de hacerse con otros más ilustrados.

Desde 1920 estudia y lo consigue, supera la guerra, empieza a trabajar en hostelería y se convierte en un cocinero renombrado. Pero en su caletre anidan otros afanes y la composición musical llama a sus puertas con insistencia, hasta que en 1939, en colaboración con el maestro Marino, se destapa con el pasodoble Qué bonito es el querer, que arranca “en un patio moruno…” y que tiene un éxito inmediato a través de varios intérpretes, una vez que logra el aprobado de la censura en 1944, hace hoy 76 años.

De hecho es una de las piezas más frecuentes en las antologías del género.

Llega la hora de firmar y se acuerda de que en su infancia lo llaman Isidro de Mundín para diferenciarlo de otro Isidro que vive en una parroquia cercana, por lo que elige ese apodo.

Con humildad, pero con perseverancia, comienza a acumular canciones, 107 de las cuales pueden consultarse en la Biblioteca Nacional de España. No obstante, en 1962, cuando los lucenses oyen hablar por primera vez de su paisanaje con el compositor, éste asegura que ya es autor de quinientas canciones.

Si se le pregunta por las ganancias, afirma que sólo le dan para vivir modestamente con su mujer, aunque las cifras lo desmienten.

En la segunda edición del Festival de Benidorm, Los Machucambos defienden su canción Luna de Benidorm, pero Isidro no queda muy satisfecho de la experiencia, ni del tercer puesto alcanzado, pese a que la competencia era muy fuerte, pues gana Comunicando y es finalista, Eres diferente, dos éxitos populares.

Su último bolero respecto a 1962 se titula Dos hogueras y se le ocurre yendo por una calle de Madrid. Le viene a la cabeza e Isidro debe entrar en un estanco para comprar un bolígrafo y evitar que se le olvide. Como se dirige a la Casa del Músico es allí donde lo acaba. ¿Qué sitio mejor donde inspirarse?

Como Isidro viene a O Páramo con frecuencia, aquí nacen también algunas de sus piezas. Le gusta sentarse a las orillas del Miño y dejarse llevar por su rumor en busca de inspiración. Una de las que nacen en Lugo es Esperando que vuelvas, grabada por Luisa Linares y Los Galindos en la casa Belter.

Otros de los intérpretes habituales de Mundín son Rafael Farina, Estrellita de Palma _ que hace la mejor versión de Qué bonito es el querer _, Tomás de Antequera, Carlos Puccini, el Rey del Tango y otros que triunfan en esa España que espera la llegada inmediata del Dúo Dinámico y otros ritmos hasta ese momento desconocidos.

Su disco más lucense es el que graba con el cantante de la tierra, Germán de Burgos, que interpreta cuatro temas suyos, El Amor Que Sentimos, Bésame Sin Rencor, Nuestro Cha-Cha-Cha y No me reproches nada.

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