Pepe Barreiro, la memoria del Lugo más festivo

Bajo la firma de Don X, describe la ciudad de sus recuerdos, el siglo XX que estaba a punto de desaparecer

LA FIRMA DE Don X en las páginas de El Progreso planteaba un misterio, pero también daba la solución. Don X era Don Xosé, con los apellidos de Barreiro Varela (Lugo, 1916), es decir, Pepe Barreiro, que así le llamó todo el mundo y así se le recuerda en la calle que su ciudad le ha dedicado y que a él le gustaría ver en A Tinería, donde nace.

Encima de esa firma _ o a veces debajo _, el autor desgrana los recuerdos de la ciudad que él conoce como protagonista, o aquellos que le narran otros que los vivieron. Una selección de esta obra de memoralítica costumbrista compone un volumen publicado bajo el título Anecdotario lucense en 1993, número 2 de una breve colección llamada Biblioteca El Progreso.

De casta le viene al galgo, porque su padre, Germán Barreiro Freire _ nacido en Avilés de padres lucenses _ y su tío Glicerio habían sido fervientes cultivadores de la escritura. Este último es autor de dos libros de poesía, Rosas Negras y el Lugo-Álbum, que casualmente se reedita como número 1 de la citada colección con una portada de Castro Gil que reproduce una vez más la muralla por la Mosqueira.

Por su parte, Germán entra en El Progreso como aprendiz de tipógrafo, es tipógrafo unos años y poco después entra a formar parte de la redacción, mano a mano con Antonio de Cora y Juan Ramón Somoza, que con un puñado de colaboradores sacan el periódico en la segunda decena del siglo XX, hasta 1923 cuando tiene lugar su temprana muerte.

En aquel momento de tragedia familiar, el director de la Banda Municipal, Juan González Páramos _ así, en plural _, encabeza una suscripción pública a favor de su madre, María Varela Carralbal y de sus hermanos Germán y Mercedes.

Otra Mercedes, su hija, analiza aquel momento desde su vertiente más positiva, pues dice que Pepe tuvo que echar mano de dos características para salir adelante, trabajo y sentido del humor, que efectivamente marcan su vida.

Aunque su fuente de ingresos es la que le proporciona su plaza de funcionario de la Comisaría de Abastecimientos y Transportes, él se tuvo siempre como un periodista frustrado… ma non troppo, ya que como Don X desarrolla en el tiempo una interesante sección de prensa, y como autor de los ferretes, parranditas y músicas alusivas, se gana el título de recuperador y animador del Carnaval lucense, en el que oficia año tras año, especialmente con las letanías del Entierro de la Sardina, que él rescata.

Distinguido con un premio Lucense del Año, que ahora reverdece, su nombre también se mantiene en la Asociación que lo lleva y que colabora en el mantenimiento de las costumbres del Entroido animada por sus hijos, como hizo él, tanto como directivo del Círculo, como cuando no lo es.

Además de Mercedes, la saga de los Barreiro se prolonga con Germán Barreiro González, catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de León, donde desarrolla toda su docencia y donde tiene como alumno, por ejemplo, a uno llamado José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que no se sabe es si su padre, Pepe Barreiro, socialista y obrerista como su abuelo Germán, estaría de acuerdo con todo lo que ZP hizo y hace en política.

El último de los Barreiro, hijo del anterior, es el exfutbolista Viola, apodo deportivo de Germán Barreiro Solano, delantero centro de la Cultural Leonesa.

Sus problemas con la vista no desaniman a este experimentado luchador hasta su muerte el año 1993.

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