Villar Chao vence a Luis Suárez en A Coruña

El pintor de Viveiro gana un concurso de popularidad contra el futbolista cuando éste recibe el Balón de Oro

HACE 59 AÑOS, el 18 de febrero es sábado y en el Playa Club de A Coruña se celebra un curioso concurso para averiguar quién es el “Coruñés más popular de 1960”.

Lo convoca en colaboración con Radio Juventud de Galicia, que durante un tiempo recibe los votos de sus oyentes. Por una vez no son mujeres las juzgadas.

Luis Suárez había conseguido este año el Balón de Oro como mejor futbolista de Europa, siendo todavía hoy el único español en lograrlo, si no nos fallan los archivos. Por lo tanto todos los expertos en demoscopia coruñesista y los mentideros aledaños apuestan a que el ganador será Luisito, sin otro rival que se le acerque.

Sin embargo el resultado final demuestra que las encuestas las carga el diablo y las encarga la oposición. Por 7.600 votos a favor, frente a los 5.300 de Suárez, el ganador es el pintor José Ramón Villar Chao (Viveiro, 1927).

Preguntado éste si los votos provenían de amigos o de admiradores, el artista responde con agudeza: “los 7.600 son amigos íntimos, los otros llegan a 76.000”. Poco puede sospechar a sus 34 años que tan solo le quedan por vivir otros tres.

Hijo de Teresa Chao Maciñeira y del galleguista Ramón Villar Ponte, desde los catorce años José Ramón es vecino de la ciudad donde su padre da clases en el colegio Dequitd y en las Josefinas. Después de la guerra se había salvado de represalias, dicen, gracias a su gran religiosidad, pese a haber sido alcalde de la ORGA en el Viveiro republicano.

Como los dos hermanos Villar Ponte se casan con dos hermanas, los hijos de ambos llevan los mismos apellidos, casi idénticos al que luego tendrá tanto protagonismo en la crónica negra de Viveiro, Pérez Vilarchao.

Pero el ganador de aquel concurso no se parece a su padre. Lo suyo discurre más por los derroteros de la jarana y el modernismo inconformista, por ejemplo, para declararse enemigo de la corbata y las pajaritas, prendas de la que su padre no se apea ni para las caricaturas.

Se había ganado el sobrenombre de Pintor dos Nenos, porque realmente abundan en su obra, pero el cartel despista, porque sus ambientes favoritos son las tascas y los locales nocturnos de ambiente marinero. Manuel María dice de él con acierto que pinta su infancia perdida.

En 1928, cuando tiene 21 años, participa en los juegos florales de Betanzos y obtiene la Primera Medalla de Pintura, de igual forma que su padre había conseguido la misma medalla en la modalidad literaria.

Jorge Víctor Sueiro, que tenía mucha gracia para resumir, lo llama Elsa Maxwell con pantalones, aunque uno y otro personaje se parecen lo que un huevo a una castaña.

A diferencia de la Maxwell, sus crónicas sociales quedan prendidas de lienzos, de paredes como las de la Casa del Pescador, de Portosín, la Residencia de Huérfanas de Marineros, de Sada, o las del grupo escolar de San Pedro de Visma, encargadas días antes de que lo visite Franco.

Su labor es variada. Tanto hace los decorados para el estreno en Lugo del Don Hamlet, de Cunqueiro, como la campaña del coñac Centenario Terry.

En 1961 expone en la ciudad durante el San Froilán y cuando se le pregunta qué otra cosa le gustaría haber sido, responde “Equilibrista”. Para añadir: “Aunque no me acompaña el tipo”.

Su firma aparece en portadas de libros, como uno de Ánxel Fole y otro de Luz Pozo Garza. Precisamente Fole le dedica un artículo necrológico donde lo recuerda como visitante de Lugo en las fiestas de octubre, amén de otros en vida del pintor que muere días después de hacerlo Julia Minguillón.

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