Cao, un genio de la caricatura argentina salido de Sargadelos

Muere el 25 de enero de 1918 dejando una obra inmensa en su especialidad

LOS ATENTADOS CONTRA El Papus, el más reciente contra Charlie Hebdó, o las amenazas contra los caricaturistas de Mohama tienen un significativo antecedente en el ataque que sufre José María Cao (Cervo, 1862), recién llegado a Argentina, donde desarrolla un trabajo que lo lleva a figurar entre los grandes maestros mundiales de este arte.

El general Alberto Capdevila accede a la jefatura policial de Buenos Aires y los demoledores retratos que le dedica José María no son las flores que el militar quiere ver arrojadas a su paso, sino todo lo contrario. El general trata de ajustar cuentas enviándole dos sicarios, pero José María, sin que se sepan con exactitud las circunstancias del ataque, sale ileso.

En realidad toda la vida creativa de Cao está jalonada de episodios similares, de encontronazos con el poder que inútilmente intenta apagar sus lápices y pinceles, de los que arranca caricaturas en las que se destaca la calidad de una obra que hace escuela y que influye en otros muchos artistas de todo el mundo, como es el caso del propio Castelao.

Así no es de extrañar que a la hora de su muerte periódicos como La Nación se inclinen a valorarlo más por la crítica al poder, que por el indudable arte de sus obras, lo cual tampoco es del todo justo:

_ En J.M.C. había siempre, más o menos patente, la preocupación social y un anhelo progresista: vale decir, hacía una sociedad y un mundo mejor en cuanto salía de sus manos. Y por eso fustigaba riendo como Juvenal, a los obreros de las iniquidades del presente, a las falsas grandezas, a los infatuados y vacíos, a muchos ´grandes` políticos de Europa y de América, que por veces se vengaron de él… llevándole a la cárcel.

Manuel Mayol nos ofrece de él un retrato rápido, pero muy completo: “Cao fue de todo: poeta, comediógrafo, excelente prosista, dibujante, músico, pedagogo… Socialista, anarquista, aristócrata, masón, indiferente, crédulo, escéptico, contradictorio y por encima de todo un pensador profundo y un ironista formidable. Una enciclopedia viva y serena, que derrochó cuanto tuvo y no quiso guardar nada para sí. En una palabra, Cao fue un caos”.

Pongamos en orden su biografía: 1862. Nace el 13-XII en Vila de Suso (Santa María de Cervo). Es hijo de Francisca Luaces y Luis Cao Fernández, empleado público y artesano ceramista. 1863. Se trasladan a Valladolid, Sevilla y Lisboa. 1869. Regresan a Cervo. Luis Cao trabaja en Sargadelos, donde seis años más tarde su hijo demuestra sus aptitudes para el dibujo. 1877. Cierra Sargadelos y los Cao se van a Gijón. 1879. En Madrid publica en La Ilustración Gallega y Asturiana. 1880. Dirige el taller de decorados de una fábrica de porcelana y vidrios de A Coruña. Estudia Magisterio y Comercio. Se casa con Elvira Blanco. 1886. Emigra a Buenos Aires. Semanario Don Quijote, de Eduardo Sojo. 1887. Sufre el atentado de Capdevila. 1891. Arrestado por dibujos en contra del gobierno. 1892. Detenido por una caricatura del general Nicolás Levalle, ministro de Guerra. Funda El Eco de Galicia, que transfiere al lucense Manuel Castro López. 1893. Se prohíbe Don Quijote. 1894. Una caricatura lo lleva a la cárcel por desacato. 1898. Caras y Caretas. 1899. Dibuja para El Arlequín. Orfeón Gallego. 1902. Dirige el suplemento cultural de La Nación. 1905. Conoce a María De Domenici, con quien tiene seis hijos. 1906. Dibujante principal de Caras y Caretas. 1907. Logia Combes Nº 215, de Lanús. 1912. Deja Caras y Caretas y funda Fray Mocho. 1917. Funda y dirige la Revista Popular. 1918. El 27 de enero muere en Lanús.

Comenta