La madre de Castro Gil, clienta del doctor Asuero

El aguafortista nace en Lugo el 20 de enero de 1891 y la ciudad lo nombra Hijo Predilecto

EN LA BIOGRAFÍA del grabador Manuel Castro Gil (Lugo, 1891), nacido un 20 de enero como hoy, destaca su notable precocidad, su rápida evolución hacia la maestría artística y su capacidad de trabajo.

Desde que cae en manos de Manuel Martínez Fole, hasta que es pensionado por la Diputación de Lugo para estudiar en San Fernando apenas pasan dos años, de los trece a los quince.

Con esa edad aparece la primera noticia de su obra, “una tablita pintada” que dona para la kermesse a favor de las Colonias Escolares de Lugo.

Después serán las decisivas enseñanzas de Alejandro Ferrant y de Muñoz Degrain, Moreno Carbonero y Carlos Verger, ya en el mundo del grabado, las que consigan hacer de este vecino del barrio da Ponte un clásico sin salir de la veintena.

El 1917 su madre, Gertrudis Gil Arias, viuda ya del archivero municipal José Castro González, se ve afectada por una parálisis generalizada. Le alcanza a todo el cuerpo excepto los brazos. En esas condiciones consume su existencia dentro del domicilio familiar del número 23 en la calle Rodríguez de Viguri, donde vive con sus hijos Pura, Pilar, Fernando, Luis y Maruja.

Otro, llamado José, ya ha fallecido.

Saltamos a 1929, cuando toda España comenta con pasmo las milagrosas curaciones del doctor donostiarra Fernando Asuero con tan solo manipular el nervio trigémino dentro de la nariz.

Algún miembro de la familia, quizás el propio Manuel, que iba para médico, piensa que aplicar en doña Gertrudis los métodos del asuerismo solo puede reportar beneficios, porque la parálisis ya la tienen garantizada.

Convencen a la mujer, contactan con Asuero y ponen en sus manos su trigémino para que se lo cauterice. El efecto es asombroso. Doña Gertrudis recupera la movilidad de los miembros antes inútiles y aunque no está para bailar can-can, a sus sesenta años tiene por delante otras perspectivas de vida

Asuero ha vuelto a contradecir el negativismo de Marañón y a confirmar el posibilismo de Amalio Gimeno, representantes de las dos corrientes médicas desde las que se analiza el fenómeno.

Julio Ramos, redactor de El Progreso, es amigo de Fernando Castro Gil y además, el aguafortista es el héroe local por excelencia en las páginas del periódico. Con ese pasaporte, Ramos visita a la operada y transmite a los lucenses su deslumbramiento. Faltan por dar “varios toques”, pero el periodista la ve levantarse de su cama y recorrer la habitación sin otra ayuda que la fuerza motriz de sus piernas.

El cronista se esfuerza en plasmar lo imposible. “No es que los otros lo digan, es que yo mismo lo vi”.

Sin embargo doña Gertrudis no tarda en morir, Será en 1931, poco después de que su hijo haya conseguido la medalla de oro de Bellas Artes por su Puente de Ondárroa.

En 1926 había estado en París y varios lugares de Europa, pensionado por la Junta para Ampliación de Estudios. Manuel está encantado de la experiencia, porque vende muy bien todo lo que lleva, incluido el Puente de Ondárroa.

Hacia la mitad del siglo, el Hijo Predilecto de Lugo trabaja en la Casa de la Moneda, por la tarde en su casa y en la Escuela de Artes Gráficas. Es asesor de grabado en el Banco de España y miembro de la Junta Nacional Filatélica.

Flanqueado por Constantino Lobo Montero, Manuel Fraga y el padre Mauro Gómez Pereira _ los poderes militar, civil y religioso _, Castro Gil recibe del ministro Fermín Sanz Orrio la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 1958, y cinco años más tarde fallece en Madrid.

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