Querido politono

Si recibe un poema de amor en su teléfono, no se emocione demasiado. Quien lo remite ni lo ha escrito, ni lo ha elegido. Lo único que hizo el rendido vate fue marcar 5454 / politono / muchopoemadedios; o bien, la clave del competidor, atomarporBécquer. Siento desilusionarle, pero es así.
Y no piense que antes abundaban los Garcilasos de fácil pluma y brillante rima, pero al menos los novios podían escoger entre toda la lírica mundial, o seguir el modelo de la carta que mejor le encajaba: “Adorado Alarico: Espero que te encuentres bien al recibo de la presente…”
Dicen que el celular, así, en plan cursi, se adueña de nuestras vidas haciéndonos creer que somos nosotros los que nos adueñamos del móvil. Eso ya lo habíamos oído de otro móvil anterior, el automóvil, y después nos acostumbramos. Lo que pasa es que ahora la fuerza persuasiva del aparatejo es mucho mayor.
Los movilólogos saben ya que españoles y alemanes somos los usuarios mundiales que mostramos mayor adicción al invento. ¿Y cómo lo midieron?, se preguntará. Pues muy fácil, se han dedicado a estudiar en qué países el sonido de los portátiles es capaz de interrumpir la actividad sexual de una pareja, o sea, lo que se llama el coitus interruptus; y constataron que, mientras la media mundial de quienes detienen el morreo es de un 14%, en los dos países citados alcanza el 22%. Casi uno de cada cuatro españoles, cuando oye una llamada, deja lo que tenga entre manos, aunque sea el amor de su vida, y se lanza al móvil como Tarzán a la liana.
Los directivos de BBDO Worldwide and Proximity Worldwide, que son los autores del estudio, explican que la gente no soporta perder una llamada porque puede tratarse de algo excitante. Más excitante que el sexo, se entiende. Que te han elegido Papa, o algo así. Y además existe el convencimiento de que, a más llamadas, más éxito social.
Como cantarían hoy Los Panchos, si tú me dices politono ring, lo dejo todo.

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