López Varela, un batallador que se fue apagando

Es subsecretario de Trabajo en 1936, tras un breve paso por la D.G. de Primera Enseñanza

TUVO UNA FACILIDAD innata para conectar con el público y una especial querencia a hacerlo mediante discursos vibrantes. Por eso la prensa lo califica de “popular tribuno”, para salpicar después la misma crónica con adjetivos como enérgico o batallador. Hablamos del diputado radical por Pontevedra, José López Varela (Lugo, 1893), nacido en Ramil, San Xoán de Tirimol.

Castro Flores, a quien se supone amigo y paisano, escribe el 21 de enero de 1936 en El Progreso, que “saliendo por la carretera de La Coruña, nos encontramos a los seis kilómetros, un pueblecillo llamado Ramil, y a la izquierda de la carretera y por detrás de la casilla de Peones Camineros, una casa de aspecto humilde en la que vivió un matrimonio y se crió una familia, dedicada, a medida que iban sirviendo, a los trabajos del campo, a la herrería y a la música”, esto último, en la llamada Banda de Ramil.

Naturalmente habla de la casa natal de José López Varela, el primogénito de la familia que logra compaginar los trabajos impuestos por su padre con los estudios de maestro de Primera Enseñanza, por una parte, y con los ensayos de la Banda Municipal de Lugo, por otra, lo que le obliga a desplazarse hasta dentro de murallas casi todos los días.

Luego ingresa en el Magisterio nacional y es destinado a la escuela del Arenal (Vigo). Ya en la II República de 1931 es elegido diputado a Cortes por Pontevedra. En el Congreso destaca cuando se habla de enseñanza. Ese año obtiene también la plaza de Inspector de Primera Enseñanza, siendo destinado a Ourense.

En el año 1933 vuelve a ser diputado por la misma provincia, y en diciembre de 1935, es nombrado director general de Primera Enseñanza, coincidiendo ese momento con su baja como militante del Partido Radical, al que sigue perteneciendo su jefe inmediato, el ministro de Instrucción, Manuel Becerra. Quizá por influencia del propio Becerra, López Varela ingresa en la Masonería.

Pero la armonía dura poco y ya en la primera semana se produce un enfrentamiento interno, de modo que López Varela pasa a ocupar la subsecretaría de Trabajo y Acción Social, sin haber tenido ocasión de dejar mínima huella de su valía en el ministerio que mejor le encajaba. Un despido por elevación.

Tampoco en este nuevo destino va a tener tiempo ni libertad para hacer casi nada, pues toma posesión el 3 de enero de 1936, cuando faltan siete meses para la catástrofe.

En las elecciones de ese año, López Varela figura dentro de la candidatura pontevedresa de centro, al lado de Portela Valladares, Alejandro Mon, Isidoro Millán, Prudencio Landín, Paz Andrade y Ramón Salgado, entre otros. En su adscripción figura como radical disidente.

El 6 de febrero, los gallegos de Anaquiños d’a Terra y Lar Gallego se unen a la Asociación Nacional del Magisterio y a la Asociación Nacional de Maestros Consortes para darle un banquete homenaje en el Hotel Nacional que suena a despedida.

Sus palabras en este acto son ilustrativas, pues invita a buscar la convivencia entre los españoles cuando tan en pugna están las pasiones y lamenta la falta de patriotismo. “Si desaparece este amor al hogar, desaparecerá asimismo el amor a la patria”. En ellas se adivinan las causas de su disidencia con los radicales y con el propio Gobierno.

Como anécdota diremos que en esos últimos meses, su actividad se reduce a clausurar una exposición de dibujos infantiles organizada por la Agrupación Artística Castro Gil y poco más. Su nombre desaparece por completo en la vorágine del 36 sin que podamos precisar su final.

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