Mensajes al gusto

Señor Don Echenique: He leído sus reflexiones sobre el discurso del Rey y me he preocupado. Le elogia usted un cambio y me he preocupado. Una moderación y también. Le atribuye usted un mejor olfato político y la preocupación se ha disparado a niveles Greta sobre el cambio climático.

Dice usted que hay un cambio monárquico, que se le enfrían los casquetes al rey y que está encantado de intuir que se le viene encima un gobierno de Sánchez con ustedes y el apoyo inexcusable del ERC, a saber a costa de qué.

Pues ya me dirá en qué parte del discurso viene todo eso porque en casa hemos leído su enorme preocupación a que entre los unos, ustedes y los otros se den pasos en contra de la Constitución. Habló de España unida, de evitar enfrentamientos y de lo mucho que le duele la cabeza con el tema catalán. Nada de lo que usted dice.

El primer síntoma de normalidad sería que ni la palabra Constitución ni sus derivados apareciesen en el mensaje navideño, por la sencilla razón de que está vigente, se acepta y funciona a la perfección. Ningún discurso político se alude a la ley de la gravedad, porque está vigente, se acepta y funciona a la perfección.

Quien probablemente ha cambiado su manera de analizar las palabras del Rey es usted, ante la inminencia de pisar moqueta. Ya han pisado césped de riesgo artificial, pero la sensación de una buena alfombra de nudos bien merece aparcar las críticas al rey para verlo feliz y contento, rodeado de todos aquellos que planean cómo dar un golpe sin que se note y mandarlo a unos jardines del Buen Retiro, pero fuera de España. Vamos, como siempre.

Ya ordenó su líder que nadie alzase la voz en estos días, no vaya a ser que se rompa el jarrón.

Y usted, obediente, no sólo no la alzó, sino que enderezó su discurso haciéndonos creer que quien ahora rectifica es Felipe.

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