Siete calles de Madrid deben su nombre a Otero Pumares

Están en Carabanchel y se dedican a lugares de O Valadouro y Alfoz

POCOS HOMBRES HABRÁN recibido como José Ramón Otero Pumares (Alfoz, 1896), un homenaje en forma de siete calles, que si bien no están dedicadas a él, es a él a quien se quiere agasajar con ellas.

La charada se resuelve diciendo que en el madrileño barrio de Carabanchel existen siete calles que llevan nombres de los ayuntamientos de O Valadouro y Alfoz como agradecimiento a la labor desarrollada por José Ramón Otero Pumares. Son las de Valle de Oro (plaza, glorieta y calle), Carballido, Bacoy, Ferreira y Castro de Oro; así, con sus topónimos en castellano.

Nace en San Sebastián de Carballido (Alfoz), de donde se traslada con sus padres a Madrid. Allí obtiene el carnet de periodista en la escuela de El Debate, donde firma varios artículos, así como en El Eco del Valle y en Vallibria, que dirige Trapero Pardo en Mondoñedo. En 1939, publica el libro Amanecer. Dios y España. Versos raciales, ilustrado por el pintor Julio Quesada Guilabert. Y en 1960, publica el trabajo Un nuevo tipo de vivienda, en Documentación Social. En la mayoría de los casos firma como “Ramón del Valle de Oro”.

A finales de los años veinte gana por oposición una plaza de funcionario en la RENFE. Luego funda la Hermandad Ferroviaria, agrupación de obreros católicos inspirada en la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII.

Milita y es vicesecretario de Acción Obrerista, que se integra en la CEDA de Gil Robles, y cuyo único diputado en las Cortes Republicanas, Dimas de Madariaga, de quien Otero es principal colaborador, muere asesinado en una cheka comunista durante la guerra.

Antes del conflicto, es concejal en el Ayuntamiento de Madrid de 1934 a 1936 por ese partido político y teniente de Alcalde del distrito del Palacio Real, con los alcaldes Rafael Salazar y Sergio Álvarez de Villaamil. Una vez que se declara la guerra, su esposa Matilde y los hijos que entonces tienen permanecen en Carballido, mientras que él la pasa en Madrid.

De este distanciamiento surge la promesa, si su familia sobrevive, de dedicar una hora diaria al apostolado. Y como es así, José Ramón la cumple a rajatabla.

Hombre de profundas creencias religiosas, dirige esa labor de apostolado en sintonía con el entonces obispo de Madrid, Leopoldo Eijo Garay, vinculado a A Mariña lucense y factótum del puerto de Burela; con el sacerdote cacereño Abundio García y con el sacerdote chantadino Emilio Eyré Lamas.

De ese pacto, nacen en 1947 las Hermandades de Trabajo, que él preside hasta su muerte, y el Patronato Virgen de la Almudena, una cooperativa con la que construye, en los barrios de Carabanchel, San Cristóbal de los Ángeles y Altos de Extremadura, 2.895 viviendas de protección oficial.

También está a su cargo en los años 1952 y 1953 la Tómbola Diocesana de la Vivienda, cuyos fines son la creación de tres grupos de viviendas con alquileres de 90 a 150 pesetas en la calle de Valderribas, en la Colonia Castañeda de la carretera de Extremadura y en la citada Colonia del Porvenir, en la calle del Doctor Espino. Una de las vendedoras de rifas en Recoletos es la marquesa de Villaverde, hija del jefe del Estado.

El gobierno lo nombra en 1960 consejero nacional de la Vivienda y la Corporación Municipal, que preside José Mª Finat y Escrivá de Romaní, Conde de Mayalde, le concede la Medalla de Plata de la villa.

A su muerte, el 14 de diciembre 1963, se inaugura en la Colonia del Patriarca una escuela de Formación Profesional que lleva su nombre.

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