Cocodrilos y ñus

Querido señor Iceta: Le envío la presente con ánimo de compartir una reflexión que se deduce de las piruetas filológicas que tanto usted como los sanchistas se sacan de la manga para justificar lo injustificable.

En el invento ese de que España sea una nación de naciones, el absurdo viaja camuflado en el propio concepto, ya que si España lo es, y Cataluña, por lo visto, no, coincidirá, Iceta querido, en que estamos ante dos cosas distintas. Una contiene naciones y la otra no.

Piense en uno de esos vehículos que llevan otros vehículos desde las fábricas a los concesionarios y que se tarda bastante en adelantar. Es un vehículo de vehículos, pero no le llamamos así porque es una cursilería de libro.

Los coches trasladados no son otros vehículos de vehículos, porque nos metemos en un bucle interminable, de ésos que solía dibujar M.C. Escher.

De modo que nación de naciones es un imposible en sí mismo, es un muerto viviente, un helado caliente, un movimiento parado. Una de las dos debe cambiar de nombre. A la primera se le suele llamar estado sin que nadie, salvo imbéciles muy contrastados, se rasgue las vestiduras. Y a las segundas hay que denominarlas regiones, autonomías o incluso nacionalidades, un invento muy reciente que gustó a rabiar.

Incluso podríamos llamarlas naciones si el diccionario elimina el estado de entre sus seudónimos. En todo caso, para que las dos palabras sea iguales, media la independencia entre ellas. Y punto.

Viviendo entre cocodrilos independentistas, el ñu tiende a la cocodrilez. Y usted, querido Iceta, hace tiempo que ha dejado de ser ñu.

Lo que pasa es que le tiran los cuernos y se avergüenza de la fila de dientes que crece sin parar. De hecho ya le quitaron la E vergonzante al partido y ahora quieren que se vuelvan cocodrilos hasta los ñus que jamás cruzaron el río Mara.

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