Durán, un orador sagrado de gira por Galicia

El sacerdote de Viveiro fue su profesor en la escuela de Marcos Leal del Ferrol a los 5 años

UNO DE LOS preceptores que tuvo Francisco Franco en su infancia fue Eugenio Durán López (Viveiro, 1869), sacerdote de amplio recorrido, verbo fácil y generosa herencia.

Franco, que había nacido el 4 de diciembre de 1892, _ y de ahí el recordatorio de hoy _, pasa por la escuela de Marcos Leal cuando tiene cinco años, y en ella imparte doctrina Durán, el nieto de Juana Balsa, como alguno le recuerda entonces en Viveiro, aunque pronto dará motivos para que lo nombren por el propio.

Había estudiado en Mondoñedo, como corresponde, y en ese tiempo de docencia con el niño Franco era coadjutor de la iglesia ferrolana de San Julián, donde cimienta su fama de piquito de oro.

Pero hete aquí que tres años más tarde es enviado como cura ecónomo a otro San Julián, el San Xiao de Landrove, un destino que no complace las aspiraciones del arrebatado y pasional sacerdote de Viveiro, pese a que con él volvería a su tierra.

Nada consuela su disgusto y para dejarlo bien patente, organiza su traslado a México, donde será párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y donde se codeará con los más altos políticos de la nación, con los dirigentes de la emigración gallega y con lucenses destacados, como Benito Menacho Ulibarri. Todos destacan de él su elocuencia arrebatadora y no hay acto en el que no haga uso de la palabra, bien porque le corresponde, porque se la piden o porque la pide él.

Al poco tiempo de llegar, en 1902, el nombre del presbítero Eugenio Durán ya es un marchamo de calidad y su título de orador sagrado le precede en la prensa y en los comentarios, como prueban las referencias impresas que de él se publican con tan solo dos años de estancia allí.

Alrededor de 1920 levanta el ostracismo gallego que él mismo se impone y regresa con dinero y con el título inequívoco de ser la voz más competente y la cabeza mejor amueblada del clero, dentro y fuera de las cuatro provincias.

Como consecuencia de ello, Durán es llamado para ocupar púlpitos y estrados como si de un artista se tratase. Un buen sermón del presbítero de Viveiro es durante la década de los veinte el mejor colofón para novenas de prestigio, ejercicios espirituales o fiestas de guardar, en el convencimiento de que Durán no defraudará las expectativas.

Durante los años 1928 y 1929 participa en los actos que se celebraban en el Teatro Nemesio de Viveiro como Homenaje a la Vejez, o a los marinos ancianos, donde su verbo fácil siempre destaca por encima del resto de oradores y donde siempre hay algún niño, como Amparito Morris, que sube al escenario para atreverse con El Relicario o Sus pícaros ojos.

Ya el 26 de abril del 36, tres meses antes de la guerra, Durán es detenido durante algunos días. No se conoce contra él otro cargo que haberse significado como derechista, lo que da idea de la debilidad gubernamental que se respira.

Durán muere después de la guerra, en 1944, “tras rápida y traidora enfermedad”, cumplidos los 75 años de vida.

Un año después se conocen sus donaciones a la Superiora general de las Hermanas terciarias franciscanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, y en 1946, el capellán de la Armada, el escritor y periodista mindoniense Carlos Polo López-Berdeal, entrega a varias instituciones benéficas el legado de más de cien mil pesetas que deja a los pobres de Ferrol el sacerdote Durán.

Los Ancianos Desamparados de Viveiro también reciben otra donación suya. Antes de morir había comprado el órgano para la iglesia de San Julián donde comienza su actividad.

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