El soldado Pino huye de los rifeños tras dos meses prisionero

Hace hoy 98 años regresa con tres compañeros a las líneas españolas y cuenta su cautiverio

EL DESASTRE DE Annual en la guerra del Rif engloba una serie de enfrentamientos, huidas y masacres que se citan como una de las más dolorosas derrotas de los ejércitos españoles en todos los tiempos.

El Desastre incluye la matanza del monte Arruit, cuando alrededor de tres mil soldados son acuchillados y muertos por rifeños después de rendirse, en un acto vil y despreciable sin parangón en los tiempos modernos.

Dos meses más tarde, en octubre de 1921, Monte Arruit es reconquistado por las tropas españolas y todavía entonces los militares que entran allí se encuentran los cadáveres de sus compatriotas a lo largo de todo el campamento, amontonados o simplemente dejados en el lugar donde habían sido asesinados, ya que no se puede hablar de batalla donde solo hubo una ataque contra gente desarmada.

Otro resultado de Annual fue la infinidad de prisioneros que los rifeños mantuvieron durante meses en la franja sur de Nador y Melilla, en muchas ocasiones casi a título individual, haciéndoles trabajar en sus tierras, martirizándolos o sirviendo de burla y entretenimiento para sus mujeres y niños.

En ese ambiente, tal día como hoy de 1921, aparecen en Monte Arruit y Melilla cuatro soldados que dicen haber escapado de sus respectivos carceleros, unos con gente de Annual y otros, de Talilit.

Se trata de los soldados de la 4ª Compañía, II Batallón, Regimiento Ceriñola 42, Félix Aloza García, natural de Zaragoza; Eugenio González Pérez, de Ciudad Real, Telesforo Fenoll García, de Valencia, y Francisco Pino Lombardero (Lugo, 1901?).

Los 151 soldados del Ceriñola estaban al mando de los tenientes Leopoldo y José Aguilar de Mera, y Federico García Moreno.

A los cuatro los acompaña “el moro” _ tal como era la denominación de la época _, Abd-el-Moli-Kaddur, conocido rifeño colaborador con España. Dicen que cada uno por su cuenta habían decidido escapar aprovechando la poca vigilancia que se ejercía sobre ellos en los tres meses que duró su cautiverio. Y muy especialmente en las últimas semanas.

Informan que tanto ellos como el resto de los prisioneros tenían en este tiempo bastante información sobre los avances de las tropas españolas porque leían El Telegrama del Rif con cierto retraso, ya que las páginas de este periódico servían para envolver los suministros que les llegaban, de modo que entre frutas y verduras aprovechaban para enterarse de la marcha de la guerra.

Los soldados cuentan que un corpulento moro negro al servicio de Abd-el-Krin que al igual que otros muchos, viste la guerrera de un oficial y hace continua ostentación de un sable, con el que golpea a los que se carcajean al ver su grotesca figura, que él cree muy bizarra, pero que a los españoles les parte de la risa. Aún así, les recomendaban escribir a sus casas, más como una acción de propaganda, que de consuelo.

Aseguran, como ya hicieron otros que recobraron antes la libertad, que las mujeres y sus hijos se complacen en escupirles, insultarles y apedrearlos a todas horas.

Dicen haber visto a Abd-el-Krin en diversas ocasiones, a quien le hacen saber el mal comportamiento de las moras.

El soldado Telesforo Fenoll difiere de estas versiones, pues en su caso, quien lo retiene como prisionero en Dar Kebdani, cerca del Monte Arruit, le hace objeto de muy buen trato, hasta el punto de no haberle obligado a trabajar ni un solo día.

Cuando este extraño carcelero lo pone en libertad días antes, le da un gran abrazo de despedida.

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