Reija, el defensa de los Cinco Magníficos

Se cumplen los 50 años desde que el jugador nacido en San Roque deja el fútbol

AUNQUE NACE EN la calle de San Roque el 25 de noviembre, Severino Reija Vázquez (Lugo, 1938) no guarda ningún recuerdo de la ciudad. Es lógico, porque con un año su padre, que era trabajador de Renfe, traslada el domicilio familiar a la capital coruñesa, y allá se van él y sus cinco hermanos.

Eso sí, después ha visitado muchas veces Lugo, donde hoy tiene parientes, y ha pateado el camino de Santiago en una docena de ocasiones. El próximo lunes cumple 81 años.

Tras pasar por el Salesianos coruñés, se hace jugador del Oza juvenil y de ahí, al Deportivo, donde está dos temporadas en Segunda División. Comienzan a conocerlo como Pitín, de pito, pollo pequeño, rápido por la banda y de corta estatura, 1,65 m. Con él nace el modelo de jugador que hoy se identifica como carrilero.

Eso es suficiente para que en 1960 dé el salto a Primera con el Zaragoza, donde su entrenador, César Rodríguez, le cambia el apodo llevado desde Galicia por otro más mañico, Pitico, aunque la esencia original se conserva intacta.

La culpa de su ascenso a Primera la tiene el vicepresidente del club, Ángel García Muniesa, que entonces se dedica a la venta de prendas confeccionadas y casualmente abre sucursal en A Coruña. Allí conoce la fama de ese defensa tan veloz y se lo lleva. También es Muniesa quien ficha al otro gran defensa gallego del Zaragoza, Cortizo, surgido de las filas del Celta.

Los positivos rumores sobre Reija los confirma Rosendo Hernández gracias a un partido amistoso en La Romareda entre el Zaragoza y el Dépor, que se organiza para analizar de cerca al defensa lucense. Severino se comporta como esperan los analistas y finalizado el encuentro, ya es futbolista del Real Zaragoza. Estamos en 1959. Hace sesenta años.

Sin embargo el muchacho está cumpliendo el servicio militar y ha marchado de la retreta sin dar explicaciones, por lo que se le considera prófugo a todos los efectos. La directiva del Zaragoza se mueve para disculparlo y regresado a filas, Reija acaba su compromiso con el Ejército. Así puede vestir de nuevo la camiseta del club maño, que gracias a él, a Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra, va a vivir su época de oro, la de los Cinco Magníficos.

Con Lapetra, Severino establece una sintonía especial. Cuenta Carlos Puértolas que “formaron la mejor banda del fútbol español durante más de un lustro. Mantienen un código muy personal. Si Lapetra tenía el balón, Reija salía como una bala rumbo a la línea de fondo porque sabía que el balón marcharía directamente al pie, medido y perfecto para hacer el mejor centro y que cualquier delantero o el propio Carlos (Lapetra) hiciesen gol”.

Como internacional debuta en 1962 frente a la desaparecida Checoslovaquia. En el equipo se alinean jugadores como Gento, Suárez, Del Sol, Santamaría y Di Stefano. Con la selección juega veinte partidos, entre ellos, los mundiales de Chile (1962) e Inglaterra (1966), y la famosa Eurocopa de 1964 que España gana a Rusia.

En la década de los sesenta _ la que Severino dedica al fútbol _, existe en A Coruña una Peña Reija que le rinde homenaje y que lo recibe en la ciudad cada vez que acude a jugar el Zaragoza. Su finalidad, además de su vertiente deportiva, es socorrer pequeñas necesidades, como hace en 1969 cuando viene a jugar contra el Dépor y la Peña aprovecha para entregarle una silla de ruedas a un muchacho impedido de Santa María de Oza.

Este año se cumple el medio siglo desde que Severino cuelga las botas. Hoy en Zaragoza dirige un grupo de boutiques de moda.

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