La biografía fantástica de Pallares Gayoso

El 7 de noviembre de 1668 fallece en Lugo el autor de Argos Divina rodeado de misterio

YA SOLO POR el hallazgo literario que supone el título de Argos Divina, referido a Nosa Señora dos Ollos Grandes, merecería Juan Pallares Gayoso (Lugo, 1614) que le recordásemos como destacadísimo lucense, de quien tal día como hoy se cumplió el año pasado el 350 aniversario de su muerte, siendo ahora por tanto, el 351.

Pero hay más. Del libro Argos Divina nos hemos cansado de decir cuán grandes son sus errores, cuán fantásticas son algunas de sus teorías y cuán enorme es su credulidad ante lo recogido por los antiguos cronicones.

Desde Antonio García Conde a Amador López Valcárcel, y desde Inocencio Portabales a Amor Meilán, el Argos Divina de Pallares ha tenido que soportar una caterva de críticas contra sus elementos fantasiosos. Bueno ¿Y qué? ¿Qué dirían de la Biblia estos señores si se basasen en los mismos criterios historiográficos? Seguramente acabarían admitiendo que en la Biblia hay demasiada fe en los cronicones.

Y es que el libro de Pallares es fantástico en su fondo y en su forma; es una canción arrebatada y un panerígico genial, como diciendo, y ahora que vengan otros y arreen.

En sí mismo, Pallares Gayoso es fabuloso y como tal deberíamos considerarlo para valorar sus aciertos y pasar por alto los errores, que son más exageraciones que otra cosa.

Sus treinta años exactos como magistral de Lectura, o lectoral, de la catedral lucense le dan oportunidad de legar una obra que, limpia del polvo del tiempo, debería ser obligatoria en todas las escuelas cercanas, o como se llamen ahora esos sitios.

Con un poco de azúcar, los niños lo iban a pasar muy bien y a aprender mucho.

La fantasía persigue a Pallares como al personaje de un relato mitológico. Tras un sonoro pleito entre el provisor de la Iglesia y los jueces del Cabildo _ uno de los cuales es él _, sufre su personal purga a través de un año de cárcel, cual conde de Montecristo en su ergástula lucense.

Un año de cárcel da para mucho y no es de extrañar que emerja de ella con el cálamo presto para dar vida a sus mejores obras.

Mágico es el hallazgo de su Memorial sobre el culto eucarístico de Lugo, ya que Xosé Fernando Filgueira Valverde, alias el Sabueso, lo encuentra en un arcón perdido de una vieja casa de Pontevedra en mayo de 1962; así, como si tal cosa, y donde otros verían polvo y cronicones, él ve una joya auténtica.

Dejémonos llevar por la fantasía. ¿Cómo se llamaba mayo antes de que lo secularizasen? El mes de María; o sea, Argos Divina. Filgueira lo encuentra ese mes, de la misma forma que el 5 de mayo de 1667, el obispo de Lugo, fray Miguel de Fuentes y Altozano, llamado también Álvarez, autoriza la edición de Argos Divina, firmado por el lectoral Pallares.

Pero hete aquí que Fuentes y Altozano va a morirse el 5 de mayo de 1699, dos años exactos después de la autorización. En medio, en 1668 quien fallece es el propio Pallares, dos antes antes de que el libro vea definitivamente la luz (1700).

Ahora bien, la gran fantasía de Argos Divina, la que hace de Pallares autor divino, es aquélla que narra cómo estando él en pleno proceso creativo, se ve aquejado de un mal que lo postra, le impide la escritura y parece conducirlo a la tumba. No puede ser. Debe acabarlo y así se lo pide a la Argos Divina. Dame tiempo y salud para la tarea.

Lo concluye, se autoriza y muere. No lo ve publicado, pero eso se compensa con otra maravilla. Los acontecimientos entre la muerte de Pallares y su publicación ¡figuran en el libro!

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