El libro póstumo de Fausto Galdo

Hoy se cumplen siete años de la muerte del médico, historiador y gastrónomo de Viveiro

HOY SE CUMPLEN los siete años de la muerte de Fausto Galdo Fernández (Viveiro, 1944), médico reumatólogo, gastrónomo y bon vivant, según su autoretrato literario, aunque por encima de todo ello, Fausto fue una excelente persona, de ésas con las que las horas pasan a la velocidad de las nubes, sin sentirse.

Como buen intelectual galleguista y tertuliófilo, Fausto disponía de su propia cova céltica en un punto equidistante de las playas de A Caosa, Cubelas y A Concha, mal llamada de O Torno, por ser ése sólo su extremo occidental. Allí oficiaba los veranos, rodeado del senado de O Porto de Arriba, do Lugar y de Lieiro.

Que si San Ciprián o San Cibrao es uno de los debates en el que los panelistas gastan más saliva, y cómo sería de infructuosa la perorata que al año siguiente se renueva con la misma intensidad.

Y no era la cova el único conventrículo abierto en verano o en invierno, como bien podrían atestiguar Xosé Ramón Barreiro Fernández, Juan Ramón Díaz y el que suscribe, miembros de la logia de los oportos.

De todo ello, de tertulias, de saberes y de gastronomía, Fausto deja un libro póstumo que se lee con el mismo agrado que los platos allí contenidos. Su Abecedario das Mantenzas ve la luz semanas después del fallecimiento de su autor, cuya biografía de la solapa todavía no lo recoge, aunque en la foto que la acompaña se intuye el deterioro de un hombre joven y creativo.

El Abecedario es al tiempo enciclopedia, anecdotario y recetario. No diremos que está contenido el conocimiento de Fausto sobre la materia porque sería un falso reduccionismo, pero sí que en cada una de sus entradas hay una o varias perlas de las muchas que Fausto cultivó sobre los elementos esenciales de la cocina gallega y de su mundo paralelo, que como en los casos de Cunqueiro, Castroviejo, Sueiro, Caius Apicius y de todos los sabios entre fogones, es la parte más sustanciosa del plato.

Es anecdotario porque Fausto lo adereza de sus propias vivencias y de sus experiencias culinarias al lado de Lina Varela Lorenzo, su madre política, y de Fernanda Rolón, su esposa.

El libro, que se abre con un bodegón de Faxildo Galdo, su hijo, es también recetario, con la particularidad de que cada plato va dedicado a uno de sus amigos, como regalo tangible de una relación con él, que cuando sale publicado ya sólo puede ser espiritual.

El prestigio de Fausto Galdo como reumatólogo lo lleva a las aulas, a presidir la Sociedad Gallega de Reumatología y a vicepresidir la Española. Dirige una decena de tesis de doctorado y a su lado se forman al menos una veintena de especialistas, todo ello desde su jefatura de la especialidad en el hospital coruñés o CHUAC, por cuyas siglas no daba un paso precisamente.

El Fausto académico cumple también las formas en sus tres vertientes como miembro de la de Medicina y Cirugía, correspondiente de la Galega y secretario y fundador de la Gastronómica Gallega.

Otro ámbito de actuación, por así decirlo, era Viveiro y todo lo que a la ciudad atañe, desde su historia y sus artistas, como cronista oficial que fue de la misma, hasta las sociedades de estudios que en torno a ella se formaron en su época y su papel en su creación, como son los casos de Terra de Viveiro y Estabañón.

A todo lo dicho debemos añadir otro de los cargos ocupados por él en vida, cual fue el de embajador médico de los habitantes de Viveiro y mariñanos en general delante de la corte coruñesa.

Por esas razones, en estos siete años nadie se ha olvidado de Fausto.

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