El cura de Ladrido, genial relojero

El de Castro de Rei es el constructor del reloj de Sobrado y de otras piezas muy apreciadas

EL CURA RELOJERO de Ladrido pasó muchos años casi desapercibido, como tantos grandes hombres de Galicia, por la desconfianza que se deriva del desconocimiento. ¿Y si no es tan importante como dicen?

Federico Maciñeira, propietario de al menos dos de sus relojes; Luis Montañés y más recientemente, Suárez Sandomingo, entre otros, se han encargado de divulgar la figura de Francisco Javier Cayetano Méndez y Neira de Saavedra (Castro de Rei, 1744), nacido en la parroquia de Santa Mariña de Ramil, siendo sus padres Juan Méndez Neira y Catalina (o/y Manuela) Díaz.

El muchacho se hace sacerdote en Mondoñedo y muy probablemente allí también se hace relojero al lado de alguno de los maestros del oficio que obran en su época. Maciñeira sugiere que también viaja a Londres para empaparse de los grandes constructores ingleses, a los que imita, y según este autor, supera. Nos referimos a J. Watts y John Faylor.

Pero sea o no como dice su primer biógrafo, el mérito de Méndez y Neira es extraordinario, pues tengamos en cuenta que cuando llega con su destino a la parroquia de Santa Eulalia de Ladrido, en Ortigueira, monta dos hornos de fundición en los que va a fabricar todas las piezas necesarias para la construcción de sus relojes durante los veinte años en los que se prolonga allí su actividad.

Cunqueiro también conoce al cura de Ladrido, pero lo cree de Ortigueira. Es igual. Lo importante es que él sabe perfectamente cuál es la importancia del artista, artesano, constructor o como se le quiera llamar. Para Cunqueiro es, ni más ni menos, “el más extraordinario relojero que vieron los tiempos. Sus relojes de todas clases competían con los famosos ingleses”.

“Eran auténticos prodigios _ añade el escritor al periodista Pedro Rodríguez _. Los había que calculaban hasta los eclipses de luna, siempre que no se parasen, claro. Si hoy viviese, te aseguro que el Sputnik estaría hecho, sin duda alguna, por el cura”.

Una de sus obras más destacadas, por el tamaño y por su destino, es el que le encargan para el monasterio de Sobrado dos Monxes, que se cita siempre al lado de otro que le regala al rey Carlos IV y que por lo visto se ha perdido.

El de Sobrado está dispuesto para señalar los días, meses y lunaciones, como decía Cunqueiro, si no se para. El tercer Méndez y Neira más nombrado es uno que figura en su testamento y al que valora en 6.000 reales de vellón.

Su principal modelo son los relojes de mueble del londinense John Faylor, con horario, repetición secundaria, despertador, calendario y un aparato para el toque de campana. Ahora bien, el cura de Ladrido incorpora en sus modelos una importante innovación, pues en los suyos la cuerda dura cuatro días más que en los de Londres, lo cual es toda una revolución.

Varias familias de Lugo cuentan en su patrimonio con un auténtico reloj del cura de Ladrido, por ejemplo, los Perejón, Saavedra, Ron, Santaló y Dositeo Álvarez. También en el Museo Provincial hay al menos uno de sus aparatos y en el del Reloj de A Coruña.

Hace 217 años, finales de octubre de 1802, nota que su mala salud le impide seguir trabajando. Pide licencia de cuatro meses para lograr restablecerse y hasta marzo de 1803 regenta la parroquia Pedro Losada Aguiar. Sin embargo ya en diciembre de ese año hace testamento a favor de su sobrino, Francisco Vélez, que será su continuador y muere el 3 de julio de 1803 de un ataque de apoplejía.

Está enterrado en la capilla mayor de la iglesia de Ladrido, por él reconstruida.

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