Ramón, el hábil relojero, abuelo de los Canouras

Hoy se celebra el Día Internacional del Joyero y del Relojero, en homenaje a Cellini

EL 3 DE noviembre se celebra el Día Internacional del Joyero y del Relojero por ser esta fecha la del nacimiento del escultor y joyero italiano Benvenuto Cellini (1500/1571).

Ello nos da pie para recordar hoy la biografía del cura de Ladrido _ tu infra _, y la de otro profesional de la provincia, de nombre Ramón Canoura Álvarez (Vilanova de Lourenzá, 1825), que no se debe confundir con los dos personajes homónimos del vecino municipio de O Valadouro, padre e hijo, mucho más cercanos en el tiempo.

Este Canoura ingresa siendo adolescente en el Arsenal de Ferrol, donde sus habilidades para la mecánica le abren las puertas tras superar los ejercicios correspondientes y la presentación de varios trabajos de precisión.

En vida de Canoura se conservaba en el establecimiento departamental una plancha grabada por él como muestra de su buen hacer y por algún sitio andará hoy.

Esa predisposición natural hacia los trabajos mecánicos difíciles y minuciosos pronto lo elevan a la categoría de jefe de taller. Pero sea por la morriña o por el amor, Ramón vuelve a Mondoñedo todavía joven y allí se casa con María Díaz y Maseda. Cerca del Masma se establece como platero y en la ciudad deja abundantes muestras de su maestría.

Viendo que sus condiciones naturales se lo permiten, da el salto a la relojería y se traslada a Lugo, donde va a tener su domicilio en el número 5 de la plaza de Santo Domingo.

Dicen sus coetáneos que en relojería realiza obras “solo asequibles a los ingenios privilegiados como el suyo”. Se refieren, entre otras, a un cronómetro de bolsillo y a un espectacular reloj de sobremesa, de siete esferas, en cada una de las cuales se indica la hora que en ese momento del día se vive en otras tantas ciudades.

Las elegidas son Lugo, Madrid _ que habría de ser la misma _, Washington, Montevideo, París, Roma y Londres. Lo que hoy puede parecer un sencillo ingenio, llama mucho la atención en su momento.

Además de aparatos de reloj, construye un torno para fabricarlos de acuerdo con su experiencia y necesidades. Todo ello le permite ganar premios en varias exposiciones y ser felicitado por el director de una de las más destacadas fábricas de Inglaterra, por las mejoras realizadas a un cronómetro de su creación.

En marzo de 1882 es uno de los promotores de la Escuela elemental de Artes y Oficios de Lugo, junto con José M. Amigó, Nemesio Cobreros, Víctor Castro, Baltasar Celleruelo y Aureliano José Pereira de la Riva.

Ramón y María tienen dos hijos, Manuel y Vicente. El primero de ellos muere antes que su padre y el segundo será comisario regio de Fomento y hombre fuerte de Canalejas en la provincia de Lugo, además de subdirector provincial de la Unión y el Fénix, redactor de El Norte de Galicia y tío abuelo de Lorenzo García Diego, por ejemplo, así como colega de Lerroux durante su estancia en Lugo.

La muerte de su otro hijo sume a Canoura en una profunda depresión que lo aparta del trabajo durante sus últimos años de vida hasta que fallece el 25 de septiembre de 1893.

Entre los portadores de las cintas de su féretro encontramos algunos apellidos del comercio lucense finisecular como Tato, Martínez Carril, Fernández Carballo, Castro Víñas, Varela Toiriz, González, Palmeiro o Varela Hortas.

Los descendientes de Ramón y de su hijo Vicente serán conocidos en Lugo como los Canouras, aunque ya no les corresponda a ellos ese apellido.

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