Legaspi, el récord jamás cobrado en 1980

El quinielista de A Pastoriza gana 208 millones de pesetas en la jornada del 26 de octubre de ese año

MÁS QUE DIFÍCIL, fue una jornada rara. La quiniela del 26 de octubre era de diseño. Cuatro doses al principio, tres equis al final, y los unos repartidos en el centro.

Ángel Legaspi (A Pastoriza, 1944) la cubre mitad mitad. De las cuatro columnas que sella por 40 pts, unos resultados los coloca al tuntún y otros, guiándose de sus gustos. Por ejemplo, la X del Sporting de Gijón fue a conciencia. Del resto casi ni se acuerda. La rellena y nada más. Pero el Betis de Carriega, y en concreto Benítez, Morán y Cardeñosa _ el del gol no metido más famoso de la historia_, le hacen un jirón al Barcelona de Kubala, 1-3, y se producen esas cuatro victorias seguidas fuera de casa que nadie, salvo Ángel, se atreve a poner.

En realidad es un jugador metódico. “Cuanto más lo pienso, más creo que estaba todo predestinado por multitud de detalles que coinciden”. Una gitana le había pedido limosna unos cuantos días antes y él le da 25 pesetas. La mujer lo mira y le anuncia una gran alegría en fecha próxima. No está mal traído. Hay muchos fenómenos extraños que le bombardean la cabeza. Por ejemplo, su madre empeñada en que juegue a las quinielas. O el sábado anterior, cuando sueña que conduce un Mercedes hasta Suiza y su jefe se asombra de verlo millonario.

Lo de las quinielas le viene de antiguo. Siendo un rapaz debe recorrer varios kms para sellarlas, ya que por allí sólo pasa el autobús cada dos o tres días. Él hace ese recorrido lleno de ilusión porque desea salir de la miseria a toda costa.

Ángel juega las primeras jornadas del año 1980 con tres amigos que el domingo de marras están tirándose de los pelos, sino más alto. Los cuatro habían ganado 1.400 pesetas y seguramente estaban encantados, pero la sociedad se rompe. Entonces, la madre de Ángel, que permanece en Miñoto (A Pastoriza), le anima para que siga jugando y él, que es buen hijo, invierte 40 pesetas en el negocio de las apuestas mutuas. No está mal. Se calcula que los 208 millones pueden producir unos intereses de tres millones mensuales, aunque cuando sabe que tiene una de 14, él cree que le corresponderán unos diez millones de pesetas, como mucho.

A partir de ahí, Legaspi _ que era Legazpi antes de hacerse el carnet_, se convierte en personaje y como tal vive en dos mundos, su auténtica historia y la que otros le atribuyen. Que si coches, juergas, chicas, cine del oeste, empresas, dinero que se va y dinero que se queda. Quizá solo él sepa todo lo que ocurre.

Él ha jugado al fútbol en el equipo del pueblo, el Viejas Glorias Río Miño, y también en Luxemburgo en una especie de Segunda División, pero poco comparable a la española. Es del Real Madrid hasta la cachas y más adelante será del PP.

208 millones en 1980 es el récord jamás cobrado. Su hijo, que está enfermo, los traduce en una bicicleta y un caballo. Su hija, en un coche.

Sergio, un hermano que vive en Ferrol, lo va a asesorar. Él tiene pisos y tiendas, por lo tanto, sabe de qué va eso de ser millonario. Habla de un rancho de animales bravos, como corzos, toros, caballos, cabras y todo eso. Era su ilusión, pero parece algo desordenada. Ya veremos.

Lo primero es darle gusto al cuerpo. Las familias de Ángel y Sergio se van juntas a comer chuletas de ternera y carne de cerdo. Luego, compran ropa. En total, cien mil pesetas. Nada. También adquiere cinco coches Citroën ZX 1.600, para él y para sus cuatro hermanos. En sus planes entra construir una capillita en el pueblo y dar una fiesta a todos los vecinos que dure toda la noche.

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