El nacimiento lucense de Julián Besteiro

El próximo septiembre se cumplirán los 150 del alumbramiento que casi todos localizan en Madrid

EL RELATO DE RIVAS Reija convierte a Julián Besteiro (O Corgo, 1870) en un lucense más, y a sus pruebas nos remitimos.

La persona que actúa como comadrona en el parto es la señora Apolonia o Polonia, a quien Rivas llega a tratar en persona. Su abuelo paterno, Manuel Rivas Besteiro, guarda cierto parentesco con el político, como denota su segundo apellido.

Todo se realiza de sorpresa y con cierta premura. La intención de sus padres es inscribir al niño en Madrid, donde tienen casa, alejándolo de la casa paterna de O Corgo como pequeños burgueses que son. Paradojas de la existencia.

Rivas Reija hace en vida lo que puede para que Besteiro tenga cuna lucense, ya que lucenses son los brazos de Apolonia y el paisaje que lo ve nacer.

Pero hasta el momento, ya sea por falta de pruebas mayores, de interés, o por conspiración castizomasónica, las biografías del expresidente de las Cortes apuestan mayoritariamente a favor de un nacimiento el 21 de septiembre en la capitalina Costanilla de Santiago, 15, y no el 14 de septiembre del mismo año en Cima de Vila, lugar de la parroquia de Santa María de Franqueán (O Corgo), donde también lo había hecho su padre, José Francisco Besteiro Guiza el 15 de diciembre de 1819.

Quienes porfíen en la empresa de rescatar la verdadera nacencia de don Julián Besteiro deberán consultar un trabajo remitido por Rivas Reija a Gómez Vilabella y fechado en 1970, donde narra que Julián nace accidentalmente en su casa paterna de Cima de Vila. El aspecto de la criatura es inquietante, por lo que se decide administrale el agua de socorro, esto es, un bautismo de urgencia.

Rivas recoge testimonios de los vecinos más ancianos de Franqueán, entre ellos el de la señora Apolonia/Polonia. Dice que lo ve nacer en estado preagónico y que todos le dan pocas esperanzas de vida. Recuerda que se comenta; “Este neno nunca vai ao poleiro”.

Explica que su madre, Juana Peregrina Fernández y García, lo concibe después de veintitantos años de matrimonio. Llega a Lugo muy enferma para pasar el verano de 1870 en la casa de Cima de Vila. Rivas sospecha que el alumbramiento es prematuro y que probablemente ya tuviesen en mente regresar a Madrid para parir allí, sin poder conseguirlo.

Pero madre e hijo mejoran lo suficiente como para arriesgarse al viaje 8 o 9 días después. Cuando comienza a haber constancia de su existencia es el 24 de septiembre de ese año, al ser bautizado por segunda vez, ahora con todas las formalidades, en la iglesia de San Ginés, de Madrid. Recibe los nombres de Julián, Mateo y José María. Su verdadero nacimiento _ anota Rivas _, supone que los padres cometen una infracción de la nueva Ley del Registro Civil, ya que ésta obliga a realizar la inscripción de los nacidos dentro de las 24 horas siguientes de parto.

En el trabajo de Rivas se afirma que Julián Besteiro se refería con gran cariño a su casa de Franqueán. “Mi tierra de Chamoso”, y añade que pasaba nueve meses en Madrid, y tres en Lugo, “a orillas del río Tórdea, semi-centro del Condado de Chamoso”, a donde siempre llega delicado de salud para regresar a Madrid con las fuerzas renovadas.

Otra consideración: “En el Catastro de la Única, de Piñeiro, figura Fabián Vesteyro, como traficante de bueyes, en 1752-53, única profesión lucrativa en Lugo, profesión que siguieron todos los Vesteyros de la Casa de Piñeiro. Y era tal su prestigio y honradez, que llegaban a las ferias de Monterroso, y los labradores les fiaban el ganado hasta la feria siguiente”.

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