Carreiras, alcalde republicano y episcopal

En septiembre de 1932 vive su gran momento, cuando estrecha la mano de Azaña en Mondoñedo

SASTRE, INDUSTRIAL, LIBRERO, periodista, pero fundamentalmente republicano, Cándido Carreiras Domenech (Mondoñedo, 1870), es una inagotable fuente de anécdotas, auténticas unas, atribuidas otras, como ocurre con todos los personajes peculiares, y Cándido lo fue.

El republicanismo sincero que alienta sus ideas no elimina un respeto reverencial a lo eclesiástico de tal modo que, por ejemplo, cuando escribe la crónica del primer aniversario de Leiras, su admirado poeta, amigo y correligionario, destaca que sus venerables restos “han santificado el cementerio civil”, lo cual no deja de ser una pirueta doble mortal hacia atrás para quedarse en el mismo sitio.

El 21 de septiembre de 1932, el presidente del Consejo de Ministros, Manuel Azaña y el titular de Gobernación, Santiago Casares Quiroga, hacen un alto en Mondoñedo procedentes A Coruña.

Carreiras, nervioso ante tamaño despliegue de republicanismo en su episcopal ciudad, corre a saludarlos en compañía del cronista, Eduardo Lence Santar y del concejal José Villamarín, “tres republicanos de luengas y bíblicas barbas”, tal como se describe a sí mismo en la crónica enviada a El Pueblo Gallego del que es corresponsal en esos momentos.

Luengas, vale, pero bíblicas es un adjetivo que se escapa al carácter del comité de bienvenida.

Por si fuera poco, cuando don Cándido le estrecha la mano a Azaña, la emoción le juega una mala pasada y exclama:

_¡Reverendísimo señor!

Se ve que el trato con el señor obispo de Mondoñedo y con otros personajes de la curia habían dejado en su ánimo una huella indeleble, como los sacramentos.

Fole contaba con mucha gracia cómo fue que llegada la República, los pocos partidarios que había en Mondoñedo se dirigen a él para que ocupe la alcaldía y Carreiras, humilde y trascendente a la vez, les replica:

_Queridos republicanos, queridos mindonienses… ¡en mi pecho no anidan jefaturas!

Él había anunciado y declarado la buena nueva desde el balcón del ayuntamiento y de hecho fue alcalde. Vallibria le agradece en su primer año que su republicanismo manifiesto sea compatible con la celebración de la Virgen de los Remedios, ejemplo de tolerancia y convivencia para los tiempos venideros, que por desgracia no tuvo mucho predicamento.

También recordaba Fole a cada paso la que quizá sea su anécdota más conocida, cuando precisamente se proclama la II República y se acerca al citado cementerio para anunciárselo a su querido amigo: “¡Leiras, Leiriñas! ¡Chegou a República!”

Cuando en tiempos de Primo es desterrado a Ribadeo y Castropol por sus proclamas republicanas, promete a sus vecinos que volverá pronto, y cuando lo haga, “hablaré de los Borbones”, sus enemigos declarados.

Colaborador y corresponsal de El Progreso, es en este periódico donde publica su crónica sobre la estancia de la fotógrafa norteamericana, Ruth Mathilda Anderson, y su padre en Mondoñedo, aunque Cándido la trata de “miss inglesa”, porque hablar hablaba inglés, sin duda. Dice que Ruth Mathilda se ha quedado maravillada de lo limpia que es Mondoñedo, la ciudad más limpia de Galicia, y eso a Cándido le gusta, claro.

Redactor jefe de Justicia, es donde despliega sus mejores dotes periodísticas, casi siempre salpicadas de sí mismo, como alcalde o como testigo de los sucesos, como cuando narra la muerte de dos mujeres de O Valiño electrocutadas por la línea de alta del Tronceda. “¡Están negras como carbones!” Y finaliza: “También murió una vaca”.

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