Madarro, la fama de los pasteles en toda España

Su confitería se encamina a cumplir los 130 años de historia

AUNQUE LA FECHA de fundación de la confitería sea el año 1891, Alejo Madarro Villar (Lugo, 1865) abre su establecimiento en el 13 de la calle de la Reina el 29 de septiembre de 1895. En 1891 están abiertas la de su padre, Madarro López, y la de Cipriano Barros, ambas en Dr. Castro, o calle de las Dulcerías.

La crónica corresponde a El Eco de Galicia y es muy elogiosa. Afirma que los lucenses acuden en masa y que todo se ha dispuesto con exquisito gusto gracias a “las expertas y hábiles manos del señor Madarro”.

En diciembre de ese año, don Alejo anuncia que tiene turrones de Alicante, Jijona y Cádiz; de limón, naranja, yema, fruta, rosa, canela, vainilla, avellana, etc.; chocolates, vinos de guinda, naranja, pasa y tintillo de Rota. Así como un variado surtido de cajas de lujo para bodas o bautizos.

En paralelo, su hermano Bernardo Madarro Álvarez mantiene la confitería en Dr. Castro, 2, antigua Batitales.

Los productos de Alejo obtienen diplomas en las exposiciones a las que acude desde el primer año. También es nombrado Proveedor de la Casa Real, con derecho a utilizar escudo de armas en las etiquetas. Se trata de una orden del 1 de abril de 1904 firmada por Alfonso XIII, a quien se le han remitido unas tartas. El título llega cuando muere su hijo Nicolas, niño de muy corta edad.

Alejo y Bernardo Madarro firman un comunicado conjunto en 1919, hace un siglo, para explicar que durante la guerra del 14 mantienen los precios a la espera de que una vez terminada bajen las materias primas _ azúcares, harinas, huevos, mantecas o almendras _, pero al seguir altos, se ven obligados a fijar en 10 cént. el precio mínimo de los pasteles.

Durante los primeros años también se venden juguetes con precios que van de los 5 cént. a las cien pts. La oferta es variada y de gran calidad en pastelería, bollería artesanal y confitería de elaboración propia, de tal modo que algunas de sus especialidades se solicitan con verdadera devoción.

Hay clientes enganchados a los merengues y si viven fuera de la ciudad, no perdonan una visita a Madarro para hacerse con la prueba. Otros se decantan por las cañas de crema o canutillos, las pastas, las coronas de almendra, el dulce de membrillo, las tartas a la holandesa o la espectacular Muralla romana de petisús de crema, sin olvidar los productos de temporada, como son los huesos de santo y los buñuelos, los turrones, troncos de Navidad, mazapanes y roscones de Reyes.

Los trabajadores de la confitería, José Rodríguez Torres y Ricardo González Gallego, la adquieren en marzo de 1958, y hoy son sus herederos, José Ramón Rodríguez Vázquez, Monserrat González Ares y Beatriz Rodríguez López, quienes regentan el negocio. Entre ambas generaciones se encuentra también Marcelino González González, que la recibe de su tío Ricardo. Hoy ya hay hijos dispuestos a perpetuarlo.

La decoración con pinturas murales modernistas de 1904 se debe al italiano Arturo D´Almonte que también pinta y decora otras casas en Lugo, como la que hoy es sede de Abanca, en la Praza Maior. Con su firma existen dos cuadros colgados en el Círculo das Artes.

Las pinturas de D´Almonte _ unos angelitos repartiendo pasteles desde las nubes _, son restauradas en 2014 por las mismas profesionales que recuperan la cúpula del altar mayor catedralicio, las orensanas María Isabel Vázquez Rodríguez y María Dolores Lago Arce.

Bernardo Madarro fallece en 1919 y continúa con el negocio su hijo Pedro. Alejo Madarro, el 5 de noviembre de 1925.

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