Celestino, en el secreto de casi todo

Hoy se cumplen los 105 años de su nacimiento en Friol

DURANTE MUCHOS AÑOS de la segunda mitad del XX, en Lugo se utiliza una frase hecha para expresar el fracaso de un acto público: “Non estaba nin Celestino”. El aludido es, por supuesto, Celestino Fernández de la Vega (Friol, 1914), que en compañía de su esposa María Luisa Maceda, asiste con devoción y puntualidad a toda cuanta convocatoria cultural hay en la ciudad. Por eso su ausencia es síntoma de que algo muy grave pasa, o a él, o al acto.

Y como la gente sabe que de su boca no salen sino opiniones muy sesudas, para no meter la pata lo prudente es guardar el propio juicio hasta oír el suyo.

En cierta ocasión, en el arranque de los sesenta, se inaugura en el Círculo una exposición de pintura abstracta, cuyos firmantes reciben directamente el título de informalistas.

Bueno, pues la que arman los informalistas es de tal calibre que se oyen hasta insultos, aunque lo que más se escucha es que aquello es una tomadura de pelo.

Cómo será la cosa que El Progreso decide tomar cartas en el asunto y tras consultar las consideraciones de Celestino, solicita públicamente a los organizadores de la exposición que la clausuren con una conferencia del autor de O segredo do humor. A ver si se enteran de qué van los lienzos.

Celestino es quien alerta a los lucenses de que va a actuar en las fiestas de San Froilán el ballet de Maurice Béjart y que no es moco de pavo lo que se le viene encima a la ciudad. Hoy tendría mucho menos trabajo tal como se confeccionan los programas festivos, que parecen saldos de Sepu.

Cuando Ramón Varela Méndez presenta el proyecto de adquisición por parte del Círculo de las casas anexas de la hogaño Praciña do Colexio ha de escuchar las voces de la triple entente que se manifiesta en contra _ Lomas, Balboa y Dafonte _, pero en cuanto abre la boca Celestino y se manifiesta a favor apuntalado por Luis Fernández Villar, la asamblea discurre como la seda y se aprueba la solicitud de crédito, que era ¡de cinco millones de pesetas!

El ensayista pincha en el proyecto de la Gran Plaza. Ya saben, Santa María, Praza Maior y antaño Alférez Provisional. Y es que el mejor escribano echa un borrón, sobre todo habiendo tanta tela que cortar.

Fue muy gracioso el episodio de las obras de la Casa Sindical en la Ronda, cuando aparecen restos humanos y la gente echa la lengua a pacer sobre la existencia de un crimen oculto en Lugo, hasta que habla Celestino para decir que aquello había sido escenario de los enfrentamientos entre Soult y el conde de la Romana, cuando la Independencia, y es muy normal que algún soldado haya quedado bajo escombros. Pena de crimen.

En una de las tertulias de la cafetería Madrid del año 1960 con más afluencia de la de costumbre porque asiste Cunqueiro, se hacen portentosas revelaciones que recoge el redactor de El Progreso Laureano López Morán. Álvaro anuncia la próxima salida de Si o vello Sinbad volvese ás illas…, Fole, la de Contos da Néboa _ que se demorará bastante más, y Celestino, la de O segredo do humor, que aún no ha acabado de escribir y que verá la luz en 1963. Extraordinaria tertulia y extraordinaria cosecha.

Cuando aparece el cadáver de Celestino, en la redacción de El Progreso se encuentra casualmente _ mejor sería decir “necesariamente” _, Dionisio Gamallo Fierros. Inmediatamente ocupa la máquina de un redactor y se pone a escribir el artículo “Los tres secretos de Celestino”, el del humor, el de Santa Eulalia de Bóveda y el suyo propio. Gran artículo. Lástima que se acabe el espacio.

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