Venancio, el chocolatero que traslada a Pascual Veiga

El 13 de septiembre se celebra el Día Internacional del Chocolate

VARIOS LUCENSES PODRÍAN ocupar con honra la casilla de mañana, 13 de septiembre y Día Internacional del Chocolate. Desde Matías López a Francisco Fernández, pasando por Muñiz, el de Negueira, o Fausto Galdo, todos ellos vinculados con el producto. El caso es que le ha correspondido a Venancio Vázquez López (Sarria, 1837), cuyos méritos se exponen.

En primer lugar expliquemos que esta curiosa celebración se instituye el día de mañana por ser la fecha del nacimiento del escritor británico Roald Dahl (1916), autor de Charlie y la Fábrica de Chocolate.

Venancio Vázquez deja Sarria con pocos años siguiendo la estela de su tío, el célebre Matías López y sus chocolates, de quien aprende a manejarse en el trabajo y en la vida. Bajo su paraguas, Venancio alcanza una excelente posición en la sociedad madrileña y como miembro del Partido Liberal, sector moretista, es elegido diputado a Cortes y teniente de alcalde de aquel ayuntamiento.

En la política y en la empresa se gana la Gran Cruz de Isabel la Católica y del Cristo de Portugal. También es presidente de la Archicofradía Sacramental de la Santa Cruz y Santos Justo y Pastor, entre otros reconocimientos.

Los chocolates de Venancio son premiados en Lugo, Filadelfia o León, y en algunos de los casos se distinguen como más valiosos los realizados para las recién paridas. El sarriano se tiene como el inventor de los cigarrillos de chocolate, y si no lo fue, lo cierto es que los vende con gran éxito, sobre todo al llegar los carnavales.

De hecho, en los años ochenta del XIX se distinguen tres grandes fábricas en Madrid, Matías López, Compañía Colonial y la suya.

Venancio instala su confitería en la Carrera de San Jerónimo madrileña, es decir, la calle del Congreso, y allí se codea con los mejores comercios de los años finiseculares del XIX. Los más nombrados son la fonda y restaurante de Lhardy, la joyería Ansorena, la cervecería Inglesa, la librería de Fé, el bazar de Ivo Esparza _ cuna de la exhibición cinematográfica_, la zapatería de Cayatte, la tienda de música de Zozaya y su confitería.

Otras actividades del sarriano se desarrollan en torno a la colonia lucense y el Centro Gallego, auxiliado por Manuel López Peña. La colonia se inicia con 121 miembros y llegan a ser tres veces más.

Una de sus primeras actuaciones es apoyar todo lo concerniente a la recuperación de los restos mortales del compositor Pascual Veiga y su traslado a Mondoñedo, pues a los cinco años de su fallecimiento se corre el riesgo de que acaben en la fosa común. En menos de un año, Venancio, el concejal Vilariño y los lucenses hacen posible el traslado del autor del Himno de Galicia.

Entre aquel grupo se encuentran López Peña, Alfredo Paradela, Faustino Martínez, Luis Regueiro, Ramón Gómez, José y Andrés Paz, Antonio Gómez, Augusto Maciá y Manuel Arias.

De hecho, en 1883 Venancio preside la gestora que tras arduos trabajos fructificará nueve años más tarde en el Centro Gallego de Madrid. Entre otros, la comisión está formada por Calderón Collantes, Vega-Armijo, Romero Ortiz, Becerra, Elduayen, Montero Ríos, Gasset y Artime, Bugallal, Matías López, Curros Enríquez, Luis Taboada, Vincenti… Como dice la prensa, “la comisión es demasiado numerosa”.

En Sarria construye el Hotel Villa-Aurelia, donde morirá con 74 años, viudo desde 1899 de Dolores Rodríguez y Cubas, con quien tuvo cuatro hijos, Dolores, Guillermo, Ángel y Venancio.

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