Gustavo Freire, los aires más lucenses

El 14 de septiembre de 1885 nace en Lugo el músico, y el 4 de septiembre de 1948, muere

ESTAMOS EN EL ecuador vivencial de Gustavo Freire Penelas (Lugo, 1885), pues nace el 14 de septiembre y muere el 4 del mismo mes.

Viene al mundo en la Ruanova, en una casa cuya ubicación se recuerda hoy con placa alusiva, de ésas que no abundan en la ciudad, como si fuésemos rácanos con nuestras celebridades, o como si no hubiese celebridades de las que echar mano. Con todo y eso, Freire no se puede quejar, pues cuenta con placa, auditorio y calle, aunque pocos saben exactamente dónde se encuentra.

Después de nacer, nuestro músico más entrañable _ y que no se enfaden ni los Bal, ni el resto de colegas _, va a la capilla de la catedral, para hacerse al oficio. Y al Conservatorio madrileño, cuando es mozo menudo sin estridencias capitalinas.

Allí obtiene las mejores notas en toda la carrera, así como un premio en Harmonía, que es como vencer a los de tu promoción, bien entendido que hablamos de un conservatorio, no de Operación Triunfo.

A la órdenes de Bartolomé Pérez Casas, el del Himno nacional español, va de gira por la península con la Filarmónica madrileña. Casas había sido su profesor de Harmonía en el Conservatorio.

Siendo violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional compone sus dos rapsodias más lucenses, Festa na Tolda y Airiños aires. Esto es, que las dos tienen cuna madrileña.

Es lógico que así sea, pues qué mejor sitio para dos composiciones como ésas que una ciudad alejada de Galicia y repleta de lucenses que se acuestan pensando en volver.

Airiños aires será años después la primera melodía que escuchen los lucenses, segundos después de finalizar el último parte de guerra, el 1 de abril de 1939.

El pequeño concierto en homenaje a los heridos hospitalizados en Lugo está previsto desde días antes, pero la casualidad quiere que se convierta en la primera pieza en escucharse tras el parte. La ejecuta el propio Gustavo Freire al violín en los estudios de Radio Lugo, acompañado al piano por Purita Ramos.

A continuación, los dos mismos intérpretes ofrecen a los heridos y enfermos la Serenata de Shubert, y finalmente, Purita y Adela Borrego ejecutan a cuatro manos al piano el galop de concierto ¡Quién vive!, de Wilhem Ganz. Salgado Toimil hace mención a esta curiosidad en su artículo sobre él, aunque situándolo en Madrid.

Cuando acaba la guerra, Freire realiza pases diarios en el Círculo y quienes lo conocen lamentan que se le considere un músico de relleno, y no por tocar en el Círculo. Qué le vamos a hacer. Estamos en 1939 y el año no da para más. Bastante felicidad hay en escuchar cualquier pieza musical sin que la sobresalte una sirena.

El placer de escuchar a Freire ya se puede lograr sin tenerlo a él delante, pues ha grabado lo más popular de su obra en los sellos Editorial Unión Española, La Voz de su Amo y Regal.

Capítulo aparte merecerían las vicisitudes que acompañan el estreno de Non chores Sabeliña, la zarzuela de Freire con libro de Trapero Pardo, de la que este último cuenta cómo se ve en la necesidad de escribirla de un tirón una noche de turbio en turbio. No dudamos de la capacidad de Trapero para tamaña empresa

Cuando en 1964 José Castiñeira, al frente de la Coral Polifónica, clausura la Exposición de Pintura Gallega del Círculo, y ante la insistencia del público, ofrece como propina la jota de Non chores Sabeliña, que se había estrenado en el Gran Teatro el 11 de febrero de 1943. Freire dirige la orquesta y sale al escenario a recibir los aplausos, con Trapero, Racamonde y todos los intérpretes.

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