Triacastela, en la Tabla Periódica de los Elementos

2019 es el Año Internacional dedicado a ensalzar el sistema descubierto por Mendéleiev hace 150

EN 2019 SE celebra el Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos, según decisión de la ONU para conmemorar que en 1869, el químico ruso Dmitri Mendéleiev (Tobolsk, 1834) presenta la primera versión de dicha Tabla en San Petersburgo para clasificar y ordenar todos los elementos presentes en la naturaleza de una manera sistemática.

Mendéleiev incluye los 63 elementos conocidos, pero contempla los huecos vacíos para los descubrimientos futuros, algunas de cuyas propiedades predice con acierto.

Al ordenar los elementos según su masa atómica de menor a mayor, averigua las constantes que se repiten, una idea que le viene en sueños, según la versión más fantástica sobre la aportación del químico ruso.

Tres de los elementos han sido descubiertos por científicos españoles: el platino (Pt), el wolframio (W) y el vanadio (V), aunque este último debemos compartirlo con Suecia.

Este encuentro con el vanadio, situado en el grupo 5 de la tabla, estuvo rodeado de características misteriosas.

En el año 1801, el químico Andrés Manuel del Río Fernández llega al convencimiento en México de que ha descubierto un nuevo elemento al que llama Erythronium, basándose en su color rojo que adquiere al calentarse y en el término griego que lo designa, Mar Rojo, Mar Eritreo.

El hallazgo ocurre en una mina de Zimapán, un municipio en el estado de Hidalgo. Una vez que se convence de su novedad, Del Río lo bautiza con diversos nombres. Primero, por su cuna, lo llama zimapanio. Después, por la diversidad de colores que presenta, pancromio. Y finalmente eritronio, como ya está dicho.

Cuatro años más tarde, cuando entrega unas muestras a su amigo Alexander von Humboldt para ser analizadas Del Río escucha entristecido cómo el químico francés H. Victor Collet-Descotils derrumba el descubrimiento y afirma que no constituyen la evidencia de un nuevo elemento, sino que se trata de cromo. Se lució el galo.

Esas conclusiones eliminan la posibilidad de que el científico hispano-mexicano pase a la historia como el descubridor del nuevo elemento.

Sin embargo, en 1831 Nils Gabriel Sesftröm, químico sueco que estudiaba minerales asociados al acero, redescubre muestras del Erythronium y las bautiza como vanadio, en honor de Vanadis, la diosa escandinava del amor y la belleza, a partir de lo cual se consolida el nuevo elemento anunciado treinta años antes y se reconoce a Del Río como el hombre que intuye su existencia.

Pues bien, Andrés Manuel del Río Fernández, el químico hispano-mexicano, había nacido en la calle Avemaría, de Madrid, el año de 1764, hijo de José del Río, natural de Linas (Huesca) y de María Antonia Fernández (Triacastela, 1741?), natural de Biduedo, parroquia que para mayor precisión se conoce hoy como Santo Isidro de Lamas do Biduedo, en el municipio lucense de Triacastela.

Andrés Manuel muere el 23 de marzo de 1849 en México, tras haber contribuido a la independencia de España de ese país. Allí funda entre otros el Palacio de la Minería, antecedente del actual el Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Perteneció a la Real Academia de Ciencias Naturales de Madrid, la Sociedad Werneriana de Edimburgo, la Real Academia de Ciencias del Instituto de Francia, la Sociedad Económica y la Sociedad Linneana de Leipzig y la Sociedad Filosófica de Filadelfia, además de presidir la Sociedad Geológica de Filadelfia y el Liceo de Historia Natural de Nueva York.

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