Cora descubre Tutankamón en Lugo

El primer Pelúdez se publica el 9 de septiembre de 1908 en El Progreso

PELUDEZ CUMPLE MAÑAÑA 111 años, que si se añaden a los que trae puestos de casa nos permite suponer que el hombre roza el siglo y medio de existencia, un detalle que él trata de ocultar bailando ante cada escenario que se levanta en San Froilán. O incluso subido a ellos.

El personaje es una creación de Calvino, seudónimo bajo el que se esconde el periodista y abogado Antonio de Cora Sabater (Lugo, 1889), protagonista a su vez de la vida social lucense durante las tres primeras décadas del siglo XX en múltiples facetas.

Tras acabar el bachillerato en el instituto lucense, estudia Derecho en Madrid y Santiago, para convalidar mucho después su carnet de periodista en el primer curso de la recién creada Escuela Oficial de Periodismo de 1941.

Antonio de Cora, Calvino o D´orca, son firmas habituales en El Progreso de esos años, periódico que va a dirigir de forma efectiva entre 1914 y 1927, y codirigir, algunos años más. Política, pintura, música, arte o turismo, son sus temas más recurrentes, sin olvidarnos de Pelúdez y de sus crónicas intrascendentes sobre todos los rincones provinciales.

Su segundo campo de actuación es la sede judicial, donde consigue notables y aplaudidos éxitos como abogado criminalista en una época donde no falta trabajo ni competencia. También es designado magistrado suplente de la Audiencia de Lugo.

Al margen de esas dos principales facetas profesionales, realiza una colección de tarjetas postales con paisajes y monumentos de Lugo a través de la Librería Religiosa, de la calle San Pedro, cuya actividad continúa bajo su mando. También dedica buena parte de su trabajo al teatro y a la música.

Además de actor amateur, escribe piezas humorísticas llamadas A propósitos que son representadas con gran aceptación en el Círculo das Artes, y preside el Orfeón Gallego, al frente del cual trae a Lugo importantes galardones.

Famosa y comentada fue su conferencia en el Círculo sobre el hallazgo de la tumba de Tutankamón, que ilustra con imágenes proporcionadas directamente por Howard Carter, su descubridor.

De esa sociedad es presidente y del ayuntamiento, primer teniente de alcalde y presidente de la Comisión de Música, desde donde favorece y consolida la Banda Municipal.

Otro momento destacado de su biografía fue su designación en 1918 como delegado regio en el acto de la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento, cuando contaba 29 años.

En 1927 traslada su residencia a Madrid para ejercer la abogacía hasta su fallecimiento, aunque sin dejar sus casi diarias colaboraciones para El Progreso fundado por su padre, y para otras muchas cabeceras que se las solicitan siempre que de Lugo quieren tratar.

Él es quien acuña la expresión “homiños de Lugo” para referirse a aquellos pesimistas e inactivos que nada de provecho emprenden, pero que siempre están dispuestos a disparar contra lo que en la ciudad se realiza.

En Madrid preside un tiempo la Casa de Galicia y cuando llega la guerra es detenido y encarcelado en la siniestra checa de Porlier, dentro de una saca de varias personas que acaban siendo fusiladas por el desgobierno rojo.

Si salva la vida, según escribirá después, fue por estar casado con una súbdita uruguaya, Enriqueta Díaz Requeijo y Ventre, pues se habían dictado estrictas consignas de no llevar a cabo ninguna actuación que pudiese molestar a un gobierno extranjero.

Poco después de acabada la guerra, el 6 de junio de 1943, muere en Madrid.

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