Canoura, el misterioso donante del reloj

El 8 de septiembre Ferreira do Valadouro celebra sus fiestas mayores

RAMÓN FERNÁNDEZ MATO, que había nacido en Boiro, pero que ejercía de hijo de Ferreira do Valadouro, vía matrimonial, por su mujer Josefa López, estaba tan atento a las novedades del valle como un nativo más.

Un acontecimiento señalado en aquellas tierras, incluso para muchos de la cáscara amarga, fue la finalización de las obras de la nueva iglesia de Santa María de Ferreira, que hoy, 8 de septiembre, vive su día grande con fiestas a su alrededor.

Fernández Mato da buena cuenta del hecho en un artículo que publica en Vida Gallega el 20 de octubre de 1931, donde refleja la paradoja de que habiendo llegado la república, la iglesia sea una realidad.

Así fue, en efecto, pero no precisamente porque la república hubiese favorecido de forma especial la obra, sino porque por ella venían laborando desde años atrás muchos vecinos y simpatizantes, eso sí, con gran lentitud y modestia. Téngase en cuenta que en el año anterior, el 1930, la recaudación para las obras del templo, alcanzaba tan solo las 18.600 pesetas y semanas antes de la inauguración rozaba las 25.000.

En enero de 1931, Canoura viaja a Madrid para recabar fondos de mayor sustancia y rematar así las obras. A su paso por Lugo ofrece una exclusiva a El Progreso: Existe un importante donativo con el que se costeará la adquisición del reloj que ha de lucir en la torre de la nueva iglesia.

Bien sabe Ramón Canoura que el misterioso donante del dinero para el reloj era él mismo, aunque no le parecía procedente decirlo en ese momento, especialmente porque tendrán que pasar todavía más de quince años desde de la inauguración para que la iglesia disponga de reloj, lo que ocurre cuando el párroco de Ferreira ya es Eulogio Fernández Murias, que va a estar en el cargo la friolera de 56 años.

También corre a cuenta de Canoura la construcción de la rectoral y otras inversiones menores.

Mato recuerda en esa colaboración que el director de Vida Gallega, Jaime Solá, había realizado un reportaje fotográfico quince años antes _ alrededor de 1915 _, con imágenes de las obras y del “ruinoso cobertizo que hacía las veces de templo parroquial”, a las que puso como pie: “La iglesia que no acaba de caerse y la iglesia que no acaba de levantarse.” El fin de aquella situación era lo que ahora le comunicaba él en su artículo.

El hombre en el que Mato simboliza los esfuerzos de Ferreira por dotarse con un templo digno de la categoría del valle era su actual alcalde, Ramón Canoura Fernández (O Valadoro, 1899), ya regresado de Cuba y afanado en la prosperidad de su municipio.

Pero no quiere, ni puede, dejarle todo el honor para Canoura, ya que otros muchos, como José Ramón Alonso, o Ángel Mandiá, se han distinguido en esa recuperación.

Canoura tenía 32 años, pero ya había ido a Cuba y ya había vuelto en olor de multitudes, con un homenaje de despedida celebrado el 28 de agosto de 1927 por el Centro Gallego de La Habana, como demostración que a su paso por la isla deja muchos admiradores y un buen número de amigos.

Uno de los fundadores del Centro había sido su padre, Ramón Canoura Palmeiro, propietario en La Habana de la zapatería La Moda y exalcalde de Ferreira durante la segunda década del siglo.

Ramón Canoura Fernández era presidente de España Integral y como tal había realizado varios saltos del Atlántico para gestionar ayudas al colectivo español en la isla que resultaron positivos, motivo por el cual el homenaje de despedida fue multitudinario.

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