López Varela, látigo musical de Galicia

El 3 de septiembre de 1950 muere en Madrid el director de su Banda municipal, lucense de nacimiento

DIRECTOR, COMPOSITOR Y transcriptor musical, Manuel López Varela (Lugo, 1895), fallece en Madrid tal día como hoy, el 3 de septiembre de 1950, después de una intensa labor en esos tres campos.

Su educación musical está a cargo del maestro de capilla de la catedral lucense, Octavio Torres; del director de la Banda municipal de Lugo, Antonio Martí, del maestro madrileño Gregorio Baudot _ que le enseña Armonía, Contrapunto y Fuga, Instrumentación y formas musicales _, y del maestro Vega, ya fuera de Galicia.

La primera muestra de su talento musical la ofrece el año 1916, cuando él cuenta 21, con el estreno de la Marcha solemne para la procesión del Corpus, que llama la atención por su exquisito clasicismo y adecuación al acto.

En esa época es flautista de la orquesta del Teatro Martín, donde permanece poco tiempo, porque tan solo un año más tarde es nombrado director de la Banda municipal de Albacete, y aunque a sus 23 años intenta hacerse con la de Bilbao, queda en segundo lugar.

Excepto un intervalo en la Banda de Carcaixent, se afinca en la ciudad manchega hasta 1944, cuando dé el salto definitivo para dirigir la Banda municipal de Madrid.

Con la formación de Albacete, o con otras que simultanea durante su estancia allí, va a participar en numerosos certámenes y ganar muchos galardones. Una obra suya será la elegida en 1926 como himno provincial de Albacete, con letra de Eduardo Quijada Alcázar.

En esa labor de composición encontramos títulos diversos como Balada romántica, Alborada en el priorato, Amanecer gallego, Noche de aquelarre, Danza de las brujas, para orquesta y piezas para diversos instrumentos, así como A Choqueirada, para coro, que fue estrenada en Galica por el Orfeón Gallego en el Círculo das Artes, el 6 de septiembre de 1927.

Entre los premios obtenidos destaca el del concurso de Zarzuelas españolas de la Sociedad de Autores, convocado el año 1922, que él se lleva con la obra La Suerte, un libreto de los hermanos Álvarez Quintero.

Decíamos que López Varela había ejercido también la labor de transcriptor y en efecto, en sus últimos años va a dedicarse a este paciente oficio, cual es llevar las partituras de las obras sinfónicas a otras que se adapten para ser interpretadas por las bandas, con sustitución de instrumentos y otras exigencias, sin que merme la calidad de la composición.

Su trabajo está destinado a la Banda Republicana y Municipal de Madrid, y entre otras, supone la trascripción de Pinos de Roma, de Ottorino Respighi; El Pájaro de fuego, de Strawinsky; La tumba de Couperin, de Ravel; Vals triste, de Sibelius; Septimino, de Beethoven; Alborada del gracioso, de Ravel; Romeo y Julieta, de Tchaikovski y la Tocata y Fuga en re menor, de Bach.

En febrero de 1932, la Orquesta Sinfónica de Madrid, estrena su Interpretación orquestal de la Tocata y Fuga en re menor de Bach, que merece los elogios de la crítica madrileña en este delicado cometido.

Poco después de ser nombrado director de la banda madrileña concede una polémica entrevista a la publicación Finisterre que va a levantar ampollas. Viene a decir que Galicia es un páramo musical _ un asco, según traduce la prensa _, un lugar que solo hay coros, rondallas y bandas muy deficientes.

Como es fácil suponer, en 1946 se habló mucho del director en las cuatro provincias, donde se le trata de indocumentado y a sus informaciones, de improcedentes.

En un artículo de prensa Mantecón bromea sobre su oficio y dice que López Varela “ha perdido el compás”.

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