Romero Moreno, todo el reinado en la memoria

Este domingo se celebra en Fontao el segundo concierto del VI Festival Bal y Gay

PASADO MAÑANA, SÁBADO día 24, se inicia en Foz el VI Festival Bal y Gay que organiza la Asociación Cultural Nois, el ayuntamiento de Foz y la propia Asociación del Festival, recientemente creada.

Los objetivos de este año son la celebración de un ciclo de conciertos de música clásica y el curso de interpretación musical. José Manuel Romero Moreno, conde de Fontao (Madrid, 1940) ha sido uno de los principales valedores que encuentra el padre de la idea, Enrique Rodríguez Baixeras, para llevar a cabo este sueño de contar con un festival internacional de altura, organizado desde una sede llamada Camiño do Apeadeiro, 7. Nois, Foz, Lugo.

Romero Moreno ya está integrado hoy en el equipo técnico del festival y su pazo es uno de los escenarios que se utilizan a lo largo de los cinco días. En concreto, este año será el segundo, el domingo día 25, a cargo de la concertista de piano Noelia Rodiles, con obras de Mendelssohn, David del Puerto, Schumann y la sonata Efecto Mariposa de Jesús Rueda.

Ésta es la razón por la que hoy aparece el cromo del conde de Fontao, inplicado con gran entusiasmo para que el festival se consolide entre los mejores de España.

Decíamos en una semblanza ya publicada, que José Manuel Romero, conde de Fontao y marqués de San Saturnino, era la persona que ha mantenido una relación de amistad, colaboración y trabajo más dilatada con don Juan Carlos de Borbón, ya que abarca un período de 56 años, desde la época en que es sucesor a título de rey, a la actual, en los momentos en los que pasa a ser rey emérito, tras su abdicación y la proclamación de Felipe VI.

Es decir, más de cinco décadas y media en las que el conde de Fontao desempeña distintos papeles respecto a don Juan Carlos, como condiscípulo, amigo, excompañero y finalmente asesor jurídico de la Casa Real.

Inspirado por una exquisita discreción, José Manuel Romero ha mantenido esta relación protegida por un riguroso silencio, del que a veces depende su propia seguridad. Hoy ha finalizado su trabajo profesional con la Corona, pero la discreción se mantiene.

“Nos conocimos cuando el entonces Príncipe de España llega a la Facultad de Derecho _ recuerda Romero Moreno _. Él acababa de estudiar dos años en la Academia Militar de Zaragoza, un año en San Javier y otro en Marín. Después de su viaje en el Juan Sebastián Elcano se pensó conveniente que tuviese un contacto con la universidad. Se descartó cursar una carrera entera, lo cual él mismo lo consideró muy negativo años más tarde y por eso al diseñar la educación del príncipe Felipe nunca dudó en que debería completar una. Yo tuve ocasión de conocerlo en 1960 porque acompaño a Federico de Castro a la Casita del Infante del Escorial, que es donde él vivía”.

En ese ambiente universitario es donde los dos personajes tienen sus primeros contactos: “Don Federico de Castro quiso que le acompañasen cuatro o cinco alumnos del Seminario del Instituto de Estudios Jurídicos para posgraduados. En ese grupo estábamos, entre otros, Rafael Jiménez de Parga y yo. En determinado momento nos pregunta qué libros había que estudiar y le dijimos que no había libros, que había que tomar apuntes. Entonces me dijo: ¿Por qué no me enseñas a tomar apuntes?”.

“Cuando acaba ese curso yo le digo que voy a ingresar en el noviciado de los jesuitas, lo cual le deja muy impresionado porque ni siquiera es al final de la carrera, sino solo terminado el cuarto curso. Entonces me dice que continuaríamos teniendo relación”.

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