Julián Parga, el héroe del aire

El 26 de agosto de 1927 sufre un accidente mortal cuando sobrevuela el aeródromo de Gamonal, en Burgos

CUANDO EN 2014 llegan noticias del conflicto de Gamonal, en Burgos, algunos lucenses piensan de inmediato en el aviador Julián Parga Cerezo (Lugo, 1902), porque en aquel lugar sufre el accidente que le va a costar la vida, tal día como hoy del año 1927.

Por las características de la tragedia, por la simpatía hacia la familia y el fallecido, y quizá también, por haber sobrevolado la ciudad el mes anterior para lanzar una carta dirigida al alcalde López Pérez en una llamativa exhibición, la muerte de Parga Cerezo impacta en el ánimo de los lucenses y constituye un auténtico duelo local, como pocos de los que se recuerdan.

Era hijo de Digno Parga, tipógrafo de la imprenta de la Diputación lucense. Había estudiado los tres primeros cursos de la carrera de Magisterio y en 1920 ingresa como voluntario en el Regimiento de Infantería de Isabel II, de guarnición en Valladolid. De ahí, ese mismo año pasa a formar parte del Batallón de Instrucción, de guarnición en Carabanchel (Madrid), donde asciende a sargento, con el número 2.

Dos años más tarde se incorpora al Aeródromo de Los Alcázares para hacer el curso de ametrallador-bombardero, del que vuelve a ser el número 2 de su promoción. Ya en 1923 obtiene el título de piloto suboficial.

En mayo de 1924, cuando vuela con su profesor Espinel, sufe un pequeño accidente que le deja magullado el pie izquierdo. Tendría otro percance antes del de Gamonal en un vuelo de Cuatro Vientos a Burgos, dos de los aeródromos donde presta sus servicios como bombardero y piloto, además de los de Getafe, León, Los Alcázares, Larache, Tetuán y Melilla, desde los que parte en diversas acciones de guerra, que le valen cruces y condecoraciones.

El 6 de julio de 1927, Parga y Bermúdez de Castro vuelan en sendos aparatos desde Monforte hacia Lugo para sobrevolar a baja altura la Plaza de la Constitución, actual Praza Maior, y arrojar entonces una carta dirigida al mítico alcalde Ángel López Pérez.

En el mensaje le felicita por su trabajo al frente de la Corporación municipal y por el embellecimiento de la ciudad, “además de observarla desde la altura, la cantan cuantas aves me acompañan en el vuelo, que de sobra os conocen. ¿No sois acaso el “mirlo blanco” (de los alcaldes españoles)? Julián Parga”.

El aviador interviene así en la secular polémica sobre el piropo que Alfonso XIII dirige o no al alcalde lucense, y por lo que a Parga se refiere, está demostrado que en el recuerdo de los lucenses don Ángel era en efecto, el mirlo blanco a juicio del rey.

Está a punto de convertirse en oficial cuando encuentra la muerte en Gamonal. En un vuelo de entrenamiento sobre ese aeródromo, el motor de su aparato deja de funcionar y el fuerte viento reinante lo hace ingobernable hasta entrar en barrena y estrellarse contra el suelo.

Las heridas del lucense son gravísimas y generales. Aún así sobrevive dos días al accidente, desde el viernes 26 al domingo 28 de agosto. Hasta Burgos se desplazan sus hermanos Jesús y Ponciano para presidir el duelo familiar en el solemne traslado desde el Hospital Militar de Burgos a la Estación del Norte, y seguir desde allí camino ferroviario a Lugo.

La ciudad se vuelca en el recibimiento. Todas las instituciones representativas de la ciudadanía están en la puerta de la Estación _ entonces Emilio Castelar _, para recibir el cadáver, y todos los vecinos lo acompañan en su último recorrido. Julián Parga Cerezo tuvo un tratamiento de héroe porque lo era.

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