El Progreso cumple 111 años

Tal día como ayer de 1908 ve la luz el periódico que acompañará a los lucenses desde entonces

TREINTA Y DOS años después de haber fundado El Progreso y a los 82 de vida, el año 1940 fallece Purificación de Cora y Más-Villafuerte (O Valadouro, 1858). También ha sido funcionario de la delegación de Hacienda, administrador de Beneficencia Provincial, concejal y diputado provincial, presidente del Casino y del Círculo das Artes; gobernador civil de Albacete, Ciudad Real y Cuenca e interventor de la delegación de Hacienda de Córdoba.

Dicen quienes lo conocen que la nota más sobresaliente de su carácter es su jovialidad, su optimismo y su capacidad para transmitir entusiasmo, tanto en su vida pública, en la familia, o en El Progreso fundado el 17 de agosto de 1908 y que hizo ayer 111 años.

Y es fácil comprender que haya sido así, porque un objetivo como el que se pone por delante no se consigue de otra manera, muy especialmente cuando se parte de cero, porque durante los primeros años de El Progreso nada se mueve por electricidad, salvo alguna luz mortecina, ni por vapor, ni por ninguna fuerza ajena a la que acumulan los brazos de los trabajadores, las manos de los cajistas y el cerebro de administradores y redactores. Solo si logramos penetrar en ese arcano de una industrialización sin electrificar podremos comprender el valor de fundar un periódico y de mantenerlo a lo largo de 111 años de existencia.

Como es propio de casi todos los medios impresos en los albores del siglo XX, el periódico que conciben en sus cabezas Purificación de Cora y Fernando Pardo Suárez estará ligado a la formación política en la cual ambos militan, el Partido Liberal.

La fundación va a un ritmo lento, sin embargo una circunstancia política lo precipita todo. El 17 de agosto de 1908 está anunciada la visita a Lugo de dos personalidades del liberalismo monterista. El diputado por Mondoñedo, Avelino Montero Villegas, hijo de don Eugenio, y el marqués de Alhucemas, su yerno Manuel García Prieto, que será presidente del Gobierno en cinco ocasiones, y ministro de ocho carteras.

La ocasión es pintiparada para que la visita coincida con la fundación de El Progreso, o viceversa. Lo malo es que no está la infraestructura preparada, no hay director, no hay talleres, no hay nada, salvo la voluntad y determinación para que lo haya.

La solución va a venir de la mano de Antonio Pardo y Pardo-Montenegro, propietario de El Norte de Galicia, que se edita en Lugo desde 1901, y que pone sus talleres a disposición de la sociedad formada por Purificación de Cora y Fernando Pardo Suárez en un gesto de generosidad que los nuevos editores no olvidarán jamás.

“Recuerdo que era un día caluroso, de cielo anubarrado con tendencia a la tormenta”, escribe el hijo del fundador, Puro de Cora Sabater. Él tiene 13 años, pero ya intuye la importancia de la jornada.

A la muerte del fundador, Francisco Leal Insua, redactor jefe, escribe: “Cuando don Puro bajaba y se quedaba en la Redacción entre nosotros, maravillaba la frescura juvenil de su mente. La jovialidad de sus ochenta y dos años, limpios de dolencia, se nos quedaba siempre en la admiración. Todo lo indagaba, todo lo tenía presente, y al final, acaso sin pretenderlo, nos dejaba el consejo de su experiencia. La característica mejor de su ancianidad era la alegría interior.

También Trapero Pardo, recién llegado a EP, recuerda el ambiente juvenil que Purificación de Cora, a sus ochenta y dos años, imprimía a la Redacción: “Con su fino aire de hidalgo, con su palabra precisa y elegante”.

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