Sicart, un lucense en Woodstock

Hoy se cumple el medio siglo de historia del mítico festival neoyorkino

A CINCUENTA AÑOS vista del primer festival de Woodstock, los que hoy se cumplen, apenas quedan ecos del solo de guitarra con el que Jimi Hendrix protesta contra el himno norteamericano por Vietnam. La gente sigue diciendo que allí canta Dylan y algunos creen que Woodstock es una isla de Gran Bretaña, pero nada de eso quita que el festival haya sido un punto de inflexión. Un antes o después de Woodstock.

Así lo va a recordar Informe Semanal en su edición de este sábado, donde aportará sus recuerdos el comunicador Manolo Sicart (A Pontenova, 1945), el único lucense presente en el festival y uno de los pocos españoles que lo viven tirado en la pradera del granjero Max Yasgur.

Sicart se había ido a la Gran Manzana para sentir en la piel lo que allí se cuece, que en esos diez años anteriores a la muerte de Franco _ otro antes o después de obligada referencia _, era mucho y muy variado porque el mundo cambia a medida que lo hace Norteamérica.

Allí fue M. Tracis _ Sicart al revés, para despistar _, en una peli porno que seguía la estela de Deep Throat, un título premonitorio de lo que iba a pasar en política, ya que esa Garganta profunda a la que alude será el nombre en clave del informante de los periodistas en el caso Watergate que se lleva por delante a Dick-el Mentiroso-Nixon, un pobre trolero al lado de la fauna que tenemos en España, tan versada en mentir que cuando dicen la verdad se enciende el real de la feria sevillana.

También fue Taxi Driver, universitario y marido de una joven judía que haría las delicias de Woody Allen como una de las hermanas de Hanna, aunque cuando va a Woodstock, Manolo ya está con otra mujer. Investiga la energía piramidal y acumula variados conocimientos antes de regresar al pequeño universo de Lugo, la ciudad de la nunca sale, o a la que siempre vuelve, que viene a ser lo mismo.

Aquí da clases y hace radio, televisión y prensa, casi por ese orden. En los tres medios es seguido porque suele hablar clarito, clarito. Gana el Ondas y conoce a Beatriz Díez Astoreka, fotógrafa, grafóloga y perito calígrafa, a cada cual mejor premio, porque Beatriz es la mujer de su vida con la que tiene dos hijos y con la que más tiempo vive, porque siendo Manolo hombre de ciclos, llega un día en el que añora su vagabundear y reinicia el camino.

En 1994, cuando vive uno de esos ciclos, la vida le da la oportunidad de trabajar con dinero y Manolo, que jamás lo ha hecho antes, se apresta a ello con la misma profesionalidad que pone en todo a lo que se compromete, ya sea una película porno o unas clases de inglés.

Ese año van a ocurrir una serie de circunstancias que encolerizan a Sicart y una vez que los ánimos vuelven a su estado, contará todos los secretos de lo que acontece a un solo medio, El Progreso, que lo anuncia el primer día en medio de un gran misterio y lo desvela al siguiente con el título de “La aventura bursátil del accionista minoritario”.

Se trababa de desvelar la identidad de un accionista anónimo que había pulverizado la cotización de Financiera y Minera y a uno de sus directivos dos semanas antes. Pocos lucenses podían sospechar que ese hombre era el que había ganado el Ondas la década anterior y el que iba a repartir estopa desde la tele en la década siguiente.

Sicart, tras once años de jugar en bolsa, se despide de esa actividad con una operación llamativa en la que se mueven 10.000 millones de pesetas. Alguna vez ya se la hemos contado.

Comenta