Un desatascador como sordina

Justino Prieto sale de Xermade para actuar en las mejores orquestas de Galicia

DOS FECHAS CONCITAN buena parte de las fiestas locales. Este 15 de agosto de la Asunción, y el 8 de septiembre de la Virgen en sus diversas advocaciones. Y claro, fiestas es sinónimo de orquestas. ¿Qué orquesta traemos este año? Ésa es la pregunta de todos los ramistas.

Justino Prieto Rodríguez (Xermade, 1935) sabe mucho de fiestas y de salas de baile porque fue trompeta de las más famosas formaciones gallegas antes de que las orquestas se transformasen en escenarios móviles.

En realidad Justino ha hecho de todo con la trompeta, pues a ello le obliga su paso por la Banda Municipal de A Coruña, o las clases que imparte a quienes se inician en el instrumento.

Sin embargo sus primeros pasos están más cerca de la percusión. Le tira la música, pero la del bombo y el tambor. Hasta que la orquesta de Xermade, la Burgás, se queda sin trompeta y Justino se dice, ésta es la mía, para hacerse con un puesto en ella.

El instrumento no es fácil, de modo que debemos imaginar sus esfuerzos en dominarlo. Antonio Souto, el director de la Burgás, lo ve con aptitudes y como Justino tiene una vocación musical muy trompetera, acaba siendo un maestro.

De Xermade da el salto hacia otras orquestas de A Coruña, como la Bahía y la Oriente. En esa ciudad llegan también los primeros estudios en serio de la mano de Ramiro Vázquez, y más tarde, su fichaje por la Orquesta Veracruz, de Vigo, dirigida por el maestro Tuto.

Arrancan los sesenta y Xavier Cugat triunfa en Hollywood. Las orquestas lo imitan y surgen nombres como Veracruz, que evocan lo latino y lo exótico, esa melodía que se rompe con un solo de trompeta para convertirse entonces en el instrumento rey de todos los conjuntos. Por eso él se decanta por la música tropical y el jazz, aunque la segunda apenas aparece en el repertorio de sus distintas formaciones.

El nombre de Justino va a estar ligado también a Los Españoles, a Los Satélites y a la muy renombrada Orquesta Mallo, donde aterriza años después de su fundación. Ahora es él el profesor de las nuevas generaciones que quieren adentrarse en los secretos del viento.

También triunfa en esas fechas el norteamericano Harry James y su orquesta, a quien Woody Allen rinde homenaje póstumo en la banda sonora de Hannah y sus hermanas. Justino lo admira como conjunto, pero puestos a quedarse con un solista, su favorito es el inglés Eddie Calvert.

El secreto mejor guardado del músico de Xermade está en sus sordinas. Utiliza cuatro según sea la pieza. “Son indispensables para interpretar el San Luis Blue”, explica. Pero él tiene una cuarta muy especial, ya que se trata de un auténtico desatascador de tuberías, de ésos que hay en todas las casas para cuando se forman tapones en los fregaderos. Justino pinta su goma negra de otro color más acorde con el mundo del espectáculo y lo utiliza como sordina, lo que le permite conseguir unos sonidos distintos al resto. Unos sonidos únicos, nos atrevemos a decir una vez conocido el truco.

En una entrevista que concede a Belarmo, el periodista vigués Belarmino Calvo que llegará a ser redactor jefe de Marca, Justino razona así: “Me agradan las músicas lentas, lo más difícil, aunque siempre existe el temor al gallo. Parte del público no da mucho aprecio a las orquestas de aquí. Después resulta que se van al extranjero _ como Los Españoles o Los Támara _, y se achinan de fama y dinero. Esto, chico, es como el fútbol. Para ser un buen músico tienes que llamarte algo raro y venir de muy lejos”. Él solo venía de Xermade.

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