O Xico, casado con A Rapadoira

Medio siglo de una charla con el socorrista en la playa de Foz

HACE COSA DE medio siglo entrevisté a pie de A Rapadoira a Lisardo Rivas, O Xico (Foz, 1931), con destino al extra de las fiestas de este periódico. Fue un trabajo en amor y compañía de Siso y con el apoyo incondicional de Suso.

Más de una vez, comentábamos que éramos los más desgraciados de la provincia, pues siempre íbamos a los sitios en fiestas cuando no había fiesta. Era broma, claro, porque en realidad era divertido.

O Xico, el socorrista de A Rapadoira, me pareció un hombre entrañable. No tanto en ese momento de la charla, como después, al recordarlo. Desborda pasión por lo que hace y se le ve dispuesto al máximo esfuerzo con tal de no manchar su historial con un ahogado en el arenal de sus amores. O en el de Sopelana, en Vizcaya, donde está desplazado unos años hasta que la morriña lo vence definitivamente para A Rapadoira.

La figura de O Xico distingue a la playa de Foz, pues posiblemente en ninguna otra de la provincia ejerce un socorrista como él. Quiero decir, ni como él, ni distinto. Cuando empieza a generalizarse, o a ser obligatorio en las de bandera azul, O Xico ya es leyenda. Siempre se dijo que gracias a él A Rapadoira había ganado la primera bandera para A Mariña de Lugo, aunque ahora mismo no sé si el dato es exactamente cierto.

Lo más sobresaliente de su anatomía era el tórax, ancho y pronunciado como el de los héroes del cine péplum que arrasaba en las carteleras y cuyos principales protagonistas eran Steve Reeves y Gordon Scott.

O Xico, visto de cerca, impresionaba como ellos y pensabas que puesto sobre las aguas a pelear con las olas, no habría galerna suficiente que lo doblegase, como así fue más de una vez, aquí y en Sopelana. La discreta prensa que tapa sus evidencias, no evita que se adivine la masa muscular conseguida a base de oportunos ejercicios.

Para ser fieles a la verdad, diremos que otras partes de su cuerpo se llevaron tantas admiraciones o más, hasta tal punto de que en Foz se dice sin reparos que por esas razones, a O Xico se le ve siempre rodeado de mujeres. Dejémoslo así.

Suso ya contó varias veces la historia del humorista Sir Cámara, el alias de Ricardo Cámara Lastra, colaborador de La Cordorniz y de infinidad de publicaciones, entre ellas, El Progreso, a través de Fax Press.

El caso es que O Xico le enseña a nadar, según él, de una forma muy sencilla. Se adentra en el mar con él en un patinete y a determinada distancia, lo tira al agua diciéndole: “Agora, volve”. La cosa no tiene misterio, porque Sir Cámara volvió y se puso a pintar monas, pero en tierra.

Cuando el año 1963 Julio Coll rueda en A Mariña su película Fuego, se piensa en él como doble para una arriesgada escena en Estaca de Bares, donde debería lanzarse al mar desde una considerable altura. La leyenda del socorrista se agranda en este episodio y divide a quienes afirman que sí lo hizo, y los que cuentan que no se atrevió, por lo peligroso que ve el mar, tirándose un muñeco.

El nieto de Lisardo, Marcos Rivas, recuerda la obsesión de su abuelo con el mar y en concreto, con A Rapadoira, a través de una única anécdota: Siempre come mirando hacia ella. Y añade para mayor abundamiento: “Estaba casado con A Rapadoira”.

Marcos, al mando de la zódiac de salvamento Protección Civil, siente la fuerza de la herencia, y eso que nace tierra adentro, en Ponferrada.

Foz no olvida a su icono playero. De hecho sigue allí gracias a un busto y a la rúa do Xico.

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