La División Aguilar lucha en Moscú

El 10 de agosto de 2013 consigue el mejor puesto español de la historia en maratón femenino

MANEL SÁNCHEZ Y Mateo Sánchez, Chilares y Carmen Villar, Daniel Aguilar y Alessandra Aguilar (Lugo, 1978). A veces los grandes deportistas tienen una segunda vida activa a través de sus hijos. Y a veces éstos arrastran una pesada losa que consiste en aguantar constamente las comparaciones con sus progenitores. A medida que el historial de aquéllos sea más elevado, la losa se hace más y más fatigosa.

Ocurre también en otras actividades, pero nunca de una forma tan evidente como en el deporte, porque en este campo todo son pruebas, competiciones, marcas y registros… Todo es muy fácil de medir.

También es cierto que comer y cenar todos los días en la misma mesa con una persona ducha en hacer el recorrido que un joven pretende, y que sabe de esa empresa más que los ratones colorados, es una gran ventaja que otros no tienen.

En cualquier caso al hijo hay que suponerle la vocación, voluntad y disfrute que el padre, porque si no, ¿para qué te metes?

Alessandra tuvo en casa todo eso, con la ventaja de que además Daniel no había sido un supercampeón, sino un enamorado de las maratones y las zancadas largas, con lo cual su losa era muy llevadera.

Hablar de Alessandra en términos deportivos es sumamente complicado para quien haya leído la biografía que le escribe el año pasado Emilo Navaza, el gran periodista del atletismo gallego. Allí está toda la carrera _ nunca mejor dicho _, de Alessandra Aguilar; desde sus primeras discusiones con Daniel sobre modo de encarar los entrenamientos _ “nos parecemos mucho y chocamos” _, hasta sus grandes triunfos internacionales contados al detalle por quién sabe cuáles son los esfuerzos y las dificultades; y pasando por aquel aciago y malhadado tranco del heptaminol, relatado también con todas las cartas sobre la mesa para ilustración de incautos y suspicaces.

Pero el motivo por el cual Alessandra es hoy el cromo en este Álbum de Lucenses tenemos que buscarlo el 10 de agosto de 2013, cuando se celebran los Campeonatos del Mundo de Moscú. A las dos en punto de la tarde _narra Navaza como si de una corrida de toros se tratase _, y cuando el termómetro marca los 28 grados, Alessandra se encuentra en la salida, al lado de las 72 participantes de la prueba de maratón; la o el maratón, al gusto del redactor.

Durante los primeros cuarenta kilómetros, que se dice pronto, la italiana Straneo marca la cabeza y la iniciativa. Solo las keninanas, o keniatas, Kiplagat y Melkamu, parecen capaces de estar a su ritmo, y para eso, la segunda de ellas cede la presión una vez sobrepasado el kilómetro 30.

A falta de dos para la meta, Edna Kiplagat acelera y Valeria Straneo queda segunda. Alessandra entra en quinto puesto. Y como Navaza cede el balance de esta carrera a la publicación Atletismo Español, nosotros hacemos lo propio:

“Exhibió un despliegue táctico primoroso. Amparada en los rigores del calor y la humedad _ que tanto trabajó en la que probablemente haya sido la preparación más dura de sus seis grandes campeonatos en los 42,195 km _, supo mantener a raya el desenfreno, alejarse de las guerras suicidas del grupo cabecero y aguardar el momento de coger la tijera para recortar a su antojo la clasificación general. Nunca, jamás, una maratoniana española lo había hecho mejor que ella en un Mundial: quinta (la referencia era Mónica Pont y el sexto puesto de Gotemburgo 95), el mismo puesto que hace tres cursos facturó en el Europeo de Barcelona. La marca, 2h32:38 (recordemos, carrera sin liebres bajo paupérrimas condiciones meteorológicas), debe motivarla todavía más…”

¿El mejor día de Alessandra? Ella dirá.

Un comentario a “La División Aguilar lucha en Moscú”

  1. rois luaces

    ‘Keniata’, como ‘patriota’ o ‘poeta’ o ‘pirata’, es de hermosa soridad tradicional en castellano/ español; ahora se lleva, se impone ¡ay! el galicista o afrancesado -ano.
    Del mismo modo ‘la (carrera de M/)maratón’, se atropella/ atrapalla con un montón, un tostón, un turbión. Que lle imos facer

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