Codeándose con Dior, Arden y Rubinstein

Este sábado se celebra la XXXIV edición de A Maruxaina, un invento suyo y de otros

ÉL LO NIEGA por no darse aires, pero Tino Soto (Gijón, 1946) es el alma pater de A Maruxaina de San Ciprián, desde que en aquella histórica merendola de agosto de 1985 en el Faro, los ramistas de las pasadas fiestas del Carmen cavilan qué hacer con las 80.000 pesetas sobrantes. Comérselas, no, porque son del pueblo. Una queimada tampoco, porque ya la hace Cervo. Y él dice: “Algo relacionado con el mar”.

Después todo vino rodado. Él había visto un cuadro de A Maruxaina en la casa vivariense del oculista Juan Manuel López Roibal, se propuso y listo.

Los ramistas y los principales colaboradores de la primera edición fueron Jesús Murados, Segovia, Alfredo Fernández, Fero; los Pillado, Kalila, Moncho Díaz, Vicente Vázquez, José Basanta, Babi, Beto, José Barros, Tomás Martínez, Roberto Santos, Juan Rodríguez, Nardo Martínez, María Elena Ron y otros muchos.

Tino se encarga de los carteles durante los treinta primeros años y de sus pinceles salen obras dignas del mejor cartelismo. Él prefiere el del año 1986, quizás porque con la novedad pone toda la carne en el asador.

La calidad de los pasquines maruxainos de Tino no debería ser ninguna novedad para quien lo conozca, no en vano fue llamado a París por la casa Christian Dior para ser figurinista suyo cuando la dirige Marc Bohan. Tino reconoce que hizo la prueba un tanto nervioso, pero todo se frustra por la muerte de su padre, Constantino Soto Paleo, que le obliga a hacerse cargo del patrimonio familiar en San Ciprián. Porque Tino es de la banda de Fero que defiende ese topónimo frente al de San Cibrao.

El hombre no está mal servido de grandes firmas de la moda, porque es contratado para hacer el arte de las publicaciones españolas de Elizabeth Arden y Helena Rubinstein. Ahí queda eso.

En su periplo madrileño empieza haciendo los dibujos industriales de unas piezas que él llama “muy raras” y acaba al frente de una gran empresa de fotocomposición, M.T., que durante los años 1973-1991 tuvo en sus manos la elaboración de las Páginas Amarillas de toda España, la edición de las novelas de Barbara Cartland y los libros de bolsillo de Alianza Editorial, entre otros encarguitos.

En ese período hay que hacer un paréntesis para recoger la aventura americana de Tino para vender “La autenticidad de la Sábana Santa de Turín” y “Para salvarte”, en compañía de su autor, el jesuita Jorge Loring y el padre Molina, comentaristas de TvE. Hasta 17 ediciones se repartieron por los Estados Unidos, aunque Tino no guarda buenos recuerdos de otros aspectos del viaje.

Otro episodio pintoresco de los años madrileños de Tino Soto lo protagoniza en compañía del mindoniense Eduardo González Seco-Iglesias, con quien comparte piso en Madrid y aficiones cinéfilas. El caso es que participan en un concurso de la revista Sábado Gráfico sobre cine y lo ganan. El premio, que es una sorpresa, se entrega en una gala a celebrar en el Hotel Meliá Castilla. Allá van los ganadores entre otras muchos miembros de la farándula y el famoseo. “Aquella caja que está tapada con una lona es vuestro premio”, les dicen antes de la entrega. ¿Qué será?, se preguntan.

El misterio se desvela a los postres. Levantada la tela, ellos y todo el público comprueban que debajo hay ¡un caimán vivo! “¡Con el pánico que le tengo yo a los reptiles!”, comenta Tino.

Hemos de concluir que aquel bicho tiene que ser el Cocodrilo Leopoldo que Eugenio Suárez tenía en su despacho y que luego transforma en revista de humor, como muy bien sabe Alberto Barciela.

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