Rodríguez López, el hombre que defendió a las feas

Hace 160 años, tal día como hoy, nace en Lugo el médico y escritor que critica la belleza femenina

HOY SE CUMPLEN los 160 años del nacimiento del médico, poeta y ensayista Jesús Rodríguez López (Lugo, 1859), “hijo de Esculapio y mimado por las Musas”, como lo titula la prensa lucense a la hora de su muerte.

Es tan amplio el campo de sus actividades que de él se pueden tejer orlas muy diversas y que le encajen todas. El Progreso dijo de él que “con la misma facilidad dicta una fórmula que escribe una quintilla”.

Y en su necrología se trazan estas pinceladas: “Era hombre de aptitudes singulares fácilmente adaptable a todos los ambientes. Gran ajedrecista, buen tresillista, manejaba los pinceles y dibujaba y pintaba, tañía la guitarra como un maestro, figuraba como político afiliado al partido liberal y tomaba parte activa en la gobernación de diversas sociedades a que pertenecía”.

Firmada por el doctor Salcedo, la revista científica francesa Le Correspondant Medical publica un resumen de su obra: “Ha escrito acerca de la rabia, gripe, vacuna, viruela, etc; un Estudio psicológico de la mujer lucense: Defensa de las feas (estudio social de la mujer); Las preocupaciones en Medicina y las Supersticiones de Galicia”.

La Idea Moderna condensa su labor poética, siempre celebradísima por todos los públicos: “Poesías gallegas son su lindo tomo Pasaxeiras y Gallegadas, su hermoso poema Cousas das mulleres, y algunas otras que fueron galardonadas en públicos certámenes. En prosa gallega escribió la novela A cruz do Salgueiro, y su última comedia O Chufón”.

Pero siendo éstas auténticos éxitos populares, la obra más emblemática de Rodríguez López fue y sigue siendo la colección de Supersticiones de Galicia desde que topa con la Iglesia y con inexplicables problemas eclesiásticos por interpretaciones rigurosas en alguna creencia, cuando en realidad la obra rema en su misma dirección. Y a saber todavía lo que se esconde en muchas de estas supersticiones.

Ahora bien, la palma de la curiosidad se la lleva esa Defensa de las feas, en contra de la hermosura femenina, donde se exponen ideas tan sorprendentes como afirmar que a los pocos años de matrimonio muchos maridos de mujeres bellas las sustituyen por feas.

O que las feas hermosean al mejorar de posición económica, porque salud y bienestar “son los dos elementos más poderosos de la belleza de la mujer”.

Quién vería a don Jesús publicar hoy sin miedo a las críticas que “a unos les gustan las jóvenes, y a otros, las jamonas”. O que hay quien se enamora de una cara escultural, “hermosa como un cromo, pero fría y de expresión perezosa”.

Al autor se le intuyen las intenciones, pero metido en un berenjenal como el que aborda en esta curiosa obra, sale de él un tanto escocido, especialmente cuando a la hermosura de la mujer añade otros peligros por el atractivo que ejercen en otros hombres.

“Las que no son hermosas _ se atreve a decir el doctor_, tienen gracia, inteligencia o virtud, y a menudo, poseen las tres cualidades juntas. Es decir, a falta de un cuerpo hermoso, poseen un alma llena de bellezas”.

O lo que es lo mismo, la guapa, tonta y vanidosa. A la fea, escribe Rodríguez López con todas las letras, se la ve al principio con frialdad, pero se la trata luego con agrado, se la quiere después con pasión y “se la admira por fin en los encantos siempre nuevos con que se manfiesta su alma”.

Otras muchas perlas contiene esta Defensa de las feas que habrá hecho las delicias en las mesas camillas de hogares con mujeres poco agraciadas.

Ya asegura el dicho que “o importante é ter saúde”.

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