El ferreiro de Riotorto que asombra a los ingleses

La historia de José Echavarría viaja a través de los tiempos a caballo de la leyenda, cuando debería hacerlo en tanque

NACE EN LA casa del mazo de Chavarría, en Ferreiravella, aunque la grafía de su apellido más utilizada es Echavarría, un herrero tan habilidoso que hace pistolas, navajas, tijeras… ¿y tanques?

Su salto a la fama se produce el 1-IV-1918, a través de una noticia fechada en San Sebastián y aparecida en las páginas de ABC, que a su vez será ampliada el día 4 por El Pueblo Vasco de San Sebastián. Esta vez el asombro no proviene de las bajas de una batalla, sino de las afirmaciones que realiza José Echavarría, Pepe o Maravillas (Riotorto, ?), un trabajador de una empresa de esa ciudad natural de Lugo. Afirma ser el inventor de los tanques que el ejército inglés utiliza en el frente occidental.

A dónde llegará la incredulidad de El Pueblo Vasco que el diario publica la noticia con unos prolegómenos en los que se narran las consecuencias del ayuno sexual de los soldados, el fetichismo femenino de los tanques y la increíble relación que estos elementos freudianos mantienen con la experiencia de Echavarría, el hombre que se presenta diciendo:

_ Buenas tardes. Me han robado los tanques. Yo soy Echavarría.

Explica el periodista que Echavarría es inventor de largo recorrido y que 16 años atrás desde Buenos Aires ofrece al gobierno español el torpedo eléctrico, sin recibir contestación. Como el invento requiere unas lámparas eléctricas que encarga a Inglaterra, el gobierno de ese país tiene conocimiento de su proyecto y en 1915 se le presenta un enviado de la embajada que le dice:

_ Señor Echavarría, a ver si me inventa usted algo que tenga aplicación provechosa en la guerra.

Al explicarle la idea de los tanques, el emisario abre la boca hasta el pecho. Hágase el tanque, porque el siguiente paso será realizar unas pruebas delante del agregado naval inglés de Río de Janeiro.

La casa Iribarne cede el furgón para transportar un modelo que pesa 550 kilos y mide tres metros de largo por 1,40 de ancho. En el puente Alsina se hacen los ensayos con resultados satisfactorios.

La casa Iribarne es exactamente la Iribarne y Cª, dedicada a los servicios fúnebres y al alquiler de carruajes de paseo, situada entre los números 334 y 348 de Tacuarí, en Buenos Aires. Quiere esto decir que José ofrece una información correcta y contrastable. También el puente Alsina es lugar de Buenos Aires, y aunque pasa por distintos nombres, aún existe hoy uno que así se llama.

El de Riotorto muestra entonces al periodista donostiarra una colección de ferroprusiatos con la imagen del primer tanque, “chato y feo, con su sistema original de desplazamiento que le permite salvar profundos desniveles”.

El invento es aceptado y Echavarría debe marchar a Inglaterra con la promesa de que recibirá los gastos de viaje y estancia, así como 1.500 ptas. mensuales para su familia.

Echavarría, acompañado de Mr. Grattan, viaja en el Allengle rodeado de atenciones y con el tanque en las bodegas. Las nuevas pruebas también son satisfactorias, pero se le obliga a asociarse con un inglés. Huele a chamusquina, pero acepta. El inglés será su compañero de viaje, por eso en las patentes con Echavarría figura el nombre de William Godfred Grattan, a quien José llama desde entonces su ángel malo, el que le engaña. Quiere marchar, pero para retenerle le encargan un aparato que dirija torpedos a distancia. Suya es también una motocicleta con ametralladora en la manivela y caja de radiotelegrafía sobre la rueda posterior, así como una lámpara para aeroplanos, con cámara de fuego.

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