Castro, coleccionista de efemérides y masón

Se cumple hoy el 159 aniversario del nacimiento de un hombre que va a dedicar buena parte de su trabajo a recopilar aniversarios

HOY SE CUMPLEN los 159 años del nacimiento de Manuel Castro López (Lugo, 1860), un hombre que precisamente va a hacer profesión con las efemérides gallegas, de las que llega a coleccionar miles de ellas.

Militante del Partido Republicano Democrático Federal de Pi i Margall, llega a ser secretario del comité de Lugo, que tiene por presidentes honorarios a Segundo Moreno Barcia, a Telesforo Ojea y Somoza, y al propio Pi, siendo su presidente efectivo Bernardo María Abuín y Sal.

Mientras permanece en Lugo, Manuel Castro López mantiene una constante lucha contra la iglesia en general y contra los clérigos en particular. Bien a través de sus colaboraciones en cabeceras militantes del más fiero anticlericalismo, bien en los cuatro números de El Ciudadano por él fundado, Castro no pierde comba para meterle el dedo en el ojo a los católicos, hasta lograr su excomunión, claro.

El episodio más chusco de esta larga relación de desencuentros no tiene su origen en el clero, sino en alguien inimaginable, como es el representante de las máquinas de coser Singer, con sede en la calle de la Reina, 9. El caso es que en octubre de 1890, a la espera de celebrar al santo patrón, el Singerman de Lugo tiene una ocurrencia publicitaria y se lanza a realizar una campaña rompedora.

Editará miles de pasquines bajo el título “Historia verdadera del glorioso San Froilán, Obispo de León, excelso hijo y Patrono de la antigua ciudad de Lugo”. ¿Y eso qué tiene de extraordinario, además de ser un título bastante largo?, se preguntará el lector con asombro. Y realmente nada tendría, sino fuese porque la biografía del santo incluye las célebres Singer en algún pasaje. Castro López no perdona una ocasión como aquélla.

Dicen los ripios: “Sus inspirados sermones, / según una vieja crónica, / convirtieron más impíos / que frases dijo su boca / y puntadas da una máquina / de Singer, que no son pocas.”

Todavía se está buscando al autor de la masacre poética; el mismo que remata su obra alegrándose de tener el brazo del santo en la catedral… “y las máquinas de Singer / Reina 9, siempre están.” Vamos, que entre la reliquia y las Singer, en Lugo se cose de maravilla. En esa ocasión, no solo los anticlericales están con Castro, sino toda la curia y los amantes de la poesía.

Pero el punto culminante de los enfrentamientos llega a finales de 1890, con la amenaza de excomunión para todos sus lectores y colaboradores. Con manifiesta intención, Castro data una explosiva carta al director de Las Dominicales del Pensamiento Libre el 25 de diciembre de ese año, Navidad. En ella explica su visión de Lugo y de los miembros de la Iglesia, de El Ciudadano y de los motivos por los que será excomulgado todo aquel que lo lea, difunda o coleccione.

Quien así lo decide es Gregorio María Aguirre y García. Aguirre es el gran enemigo de Castro. Ya lo vimos. Y no es arriesgado imaginar que el obispo es también una de las piezas angulares que determinan su marcha a América. Con la Iglesia hemos topado.

“A mí _ dice orgulloso el díscolo _ hace tiempo que la razón me emancipó del yugo de la Iglesia romana y de todas las demás positivas”. Vamos, que a él nadie le gana en ateísmo, y eso que tiene a Jesucristo como el hombre más grande que ha existido. El hombre, no el dios”.

Añade a continuación que el escándalo producido en Lugo por su excomunión ha sido grande, lo cual dista bastante de ser cierto, pues en la ciudad pocos saben de qué va ese semanario del que apenas han salido cuatro números.

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