Artículos como puñetazos en el estómago

Se cumple el centenario de la muerte de Prudencio Iglesias Hermida, el más tremendista de los periodistas españoles

PRUDENCIO IGLESIAS HERMIDA (Lugo, 1884) fue un escritor y periodista que hizo novela de aventuras, costumbrismo, crónica taurina, crítica literaria y corresponsalía de guerra en los albores del pasado siglo.

Como buen tremendista, no sabe expresar una opinión sin salpicarla de algún rasgo violento: “Preferiría un tiro por la espalda antes de que a un hijo mío le gustase Martínez Sierra”.

De tal guisa transcurre la vida de don Prudencio, imprudente y desafiante. Así encabeza Prudencio una semblanza sobre su colega Cánovas Cervantes, allá por 1912: “Cánovas Cervantes es el genio invertido. Nos hallamos en la cumbre de la brutalidad”.

Un día se disculpa ante él por todo lo dicho y cuando muere Prudencio, éste reconoce no guardarle rencor.

Toda su vida, corta pero intensa, es un continuo borbotar de ventoleras, de ideas, de excentricidades y genialidades que desbordan cualquier continente donde queramos archivarlas. Es un escritor largo, de abundante obra y toda ella muy personal. Dice haber nacido en Luar, un topónimo que huele a inexistente. Sospechamos que se trata de Lugo con tintes poéticos. Su padre fue el interventor de Hacienda de Lugo, Prudencio Iglesias, jefe también de la Administración Económica de Lugo. Su madre, Pilar Hermida, el mismo nombre que su hermana. Se casa con María del Carmen Vergudo y tienen una única hija, Carmela.

En mala hora se les ocurre a sus padres darle el nombre de Prudencio, porque el personaje atiende a las más variopintas etiquetas, pero jamás a la prudencia, muy poco a las iglesias y nada a los eremitas.

Escritor prolífico, suelto y tremendista que reparte estopa en la década de los diez del siglo pasado. Enviado especial a la I Gran Guerra, aunque quizá no salga de la habitación del hotel, tenía Prudencio la gracia y la frescura para llamar siempre la atención, para prender al lector y para zarandearle sin tregua en cada párrafo como si le propinase constantes puñetazos en el estómago.

La prensa de Lugo le sigue la pista y en abril de 1903, se da cuenta de que ha sido detenido en Madrid el estudiante de Filosofía y Letras, de 19 años, Prudencio IH, que fue vecino de Lugo hasta que se muda a la capital en compañía de su madre Pilar, lo que da a entender que en ese momento su padre ya ha fallecido.

La detención se produce en la calle de Alcalá como consecuencia de los disturbios generados a raíz de los sucesos de Salamanca, donde mueren dos estudiantes y se provoca una reacción contra Maura. Él es uno de esos muchachos tuercebotas a los que apasiona el fútbol y su nombre queda ligado a la historia del Club Español de Madrid, el primigenio Real Madrid. Ya en el 1924, los lucenses vuelven a saber de su paisano porque dirige en Madrid la publicación El Bólido.

El inquieto Prudencio solicita ser iniciado en la logia Ibérica del Gran Oriente Español, pero no parece que los masones lo aguanten mucho tiempo, ni él a los masones. Decía ser dueño de minas de oro en Alaska y de pozos de petróleo un poco más abajo. Y no, claro que no. En un artículo pide para sí mismo el capello cardenalicio y que lo nombren arzobispo de Toledo, porque de lo contrario “le doy seis tiros a la campana gorda”. En otro, dedicado a los periodistas ancianos, les desea la pronta muerte porque no le hacen caso. Todo un tipo.

A él la vida no le da tiempo para ser anciano, porque muere hace cien años, en abril de 1919, a los 35 años de una bronconeumonía galopante.

Comenta