La misteriosa pin-up monfortina Estelle Dixon

Durante dos años (1927-1929) es conocida como una de las bellezas del momento para desaparecer luego de repente

ESTELLE, ESTRELLA O Stella Dixon fue una bailarina, directora de pista, miss, segunda tiple, corista y pin-up española, posiblemente llamada Estrella … Cabrera (Monforte, 1910), cuya huella biográfica es difícil de seguir hoy, porque ella misma se encarga de sembrar mentiras.

La mujer cuenta en las cuatro entrevistas localizadas que es americana, gallega, andaluza o aragonesa, según en qué circunstancias.

Dueña de un rostro muy atractivo y un físico agraciado, durante dos años _ y solo dos _, acapara los espacios que las revistas españolas dedican a la belleza femenina, desde Blanco y Negro a Muchas Gracias.

Su madre es una aragonesa, nacida en Monzón (Huesca) y su padre, un americano que no aparece por ningún lado. Tampoco se aclara por qué nace en Monforte, hecho que oculta otras veces.

Un salto temporal de dieciséis años nos lleva a situarla en Los Ángeles en 1927 como artista de cine y meses después en Buenos Aires, donde conoce al bailarín norteamericano de jazz y swing, Harry Flemming, considerado uno de los mejores del mundo, que trata de formar compañía. Recibe clases y de inmediato se incorpora al elenco como pareja de charleston con Harry.

Cuando éste llega a España, la define como canzonetista, bailarina y artista de la pantalla.

A continuación se trasladan a Zaragoza y el periodista Joserre, de La Voz de Aragón, se fija en Estelle: “El público aprecia, mientras baila y canta, que sobre todas las cosas, es bella, bellísima. Rubia, de ojos claros, enormes, ríe… como ríen esas girls deliciosas de las comedias yankees”.

Allí descubre que su segundo apellido es Cabrera, que a sus 19 años aún no ha conocido el amor y que fue Miss en Axon, una supuesta y desconocida localidad.

En agosto de 1929, es elegida reina de la belleza del barrio de la Plaza de Toros de Madrid. Eso sí es verdad y parece haber sentado reales en la capital. Su nuevo destino es el Price, al frente de 40 muchachas llamadas Fémina, que actúan como señoritas de pista.

A partir de ese momento comienzan sus apariciones en revistas como auténtica pin-up española. En una entrevista confiesa que Dixon se lo puso porque suena bien; es decir, que desaparece el nunca comprobado padre yankee. “Figúrese que el público lee en un cartel, al lado de un nombre de galán de película de amor, como es Harry Flemming, Remedios Pérez o Emiliana Rodríguez… Pues no pasa por la taquilla”.

En su papel de vamp afirma que en Madrid le llaman la Esfinge, “porque no me enamoro de nadie”. Y después se insinúa: “Donde trabajo con más gusto es montando a caballo. Me entusiasma dominar a un potro joven y hacer de él un borriquillo manso”.

Y cuenta una tragedia: “Hace dos años, cuando yo recorría América, en Buenos Aires, se enamoró de mí un poeta de vanguardia, joven y… simpático. Al ver que no lograba interesarme… se suicida”.

Dixon ya es un personaje popular. Su elección como Miss, las fotografías pícaras, las entrevistas, las mentiras… Participa en el homenaje a Arniches cuando se le da su nombre a la calle del Peñón, entrega premios y es una de las artistas citadas cuando se celebra La fiesta de la flor de 1930 contra la peste blanca, o sea, la tuberculosis. Su nombre está al lado de Celia Gámez, Conchita Piquer, Antoñita Torres, Perlita Greco y otras.

Después participa como Fadima en la revista Cleopatra y Julio César, de Vicente Pardo y Roselló, y de ahí desaparece con tanto misterio como había surgido.

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