Mano dura

Por lo que ahora se descubre, maridos y mujeres no tienen obligación legal de compartir las tareas domésticas. En cuanto se reforme el Código Civil con una enmienda del PNV, sí.
Cuando eso ocurra, ya no valdrá escudarse en las obligaciones vigentes de “vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente”. Algunos varones interpretaban ese último mandato de “socorrerse mutuamente” como algo relacionado con el sexo y las sábanas. Pero se acabó la vaguería. Gracias a los vascos, y en contra del PSOE, muy pronto, cada plato sucio, cada taza usada, cada pantalón por planchar, cada culo de niño por limpiar, tendrá un valor en el cómputo doméstico y la pareja se repartirá los puntos obtenidos en busca de que los dos casilleros sumen lo mismo a fin de mes.
A tal efecto se instalarán en todos los domicilios unos contadores, a semejanza de los existentes para el control del agua o la electricidad, que serán revisados por la directora general para la Igualdad, o por quien ella designe.
No sólo estamos de total acuerdo con la reforma del Código, sino que apoyamos la instalación de los contadores cuanto antes, pues ya se sabe que el macho español es sumamente escurridizo a la hora de manejar el spontex. Distinto es que se les libre del servicio militar y de la bayoneta, a que pasen por esta vida sin limpiar ni una sola vez su servicio con bayeta.
Lástima que la reforma no incluya a los hijos en la asunción de responsabilidades caseras. Nos referimos a los hijos mayores, a los que ya han cumplido los cinco añitos. También ellos deberían estar obligados a fichar en el contador. Y si no puntúan, no hay ni para condones.
En cuanto al resto de la familia y/o invitados que puedan estar ocupando plaza en el domicilio, ya se estudiará en otra enmienda.
Eso sí, abuelos y mayores de 54 quedamos exentos por los servicios prestados en el cuartel.

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