Goás Ladra, el inventor que exhibía películas

La industria conservera, la maderera, los inventos, la exhibición de cine, la hostelería y la literatura enmarcan la vida de este viveirense de Celeiro

LA EXPRESIÓN GALLEGA “verlle o cu á curuxa” se interpreta como pasarlo mal, o presentir que se acerca algún peligro, pero cuando la madre de Anselmo Goás Ladra (Viveiro, 1922) se la aplicaba a él siendo un niño, no le daba ese sigificado. Al menos eso es lo que intuimos hoy al saber que la señor Goás sacaba la frase a colación cuando argallaba con algún instrumento, o partía en dos los juguetes para verles las tripas.

En resumidas cuentas, que era un curioso y que quería verle el porqué a las cosas.

La imagen del juguete hecho trizas en su afán por saber cómo funciona encaja a la perfección con el más importante de los tres inventos que Anselmo lleva a cabo, la desvisceradora de pescado.

Los otros dos fueron non natos. Uno era una máquina de pegar sellos, que no llega a patentar porque a veces salían varios estampados juntos, y una válvula para grandes depósitos a la que no da mérito, aunque hubo gente interesada en comercializarla. Él asegura haberla utilizado con total éxito.

Anselmo arrastra un mal recuerdo de juventud, cuando atraviesa con su coche el barrio de la Misericordia y tiene la desgracia de atropellar al niño de siete años Manuel García Quelle, que fallece a consecuencia del accidente.

Con 17 años él ya es un conductor experto que viaja de madrugada en un camión hasta la asturiana Cudillero para pujar por la sardinilla con destino a La Pescadora de Celeiro, la fábrica de conservas de su padre, cuando ese pescado escasea en Galicia.

Esos viajes, la contabilidad y otras encomiendas en la fábrica lo conducen al invento de su máquina antes de cumplir los 27 años.

Cuando en 1949 presenta la desvisceradora aplicable a la industria conservera de chicharro grande, afirma que la máquina coloca los peces en los cangilones de la cinta transportadora a razón de cien por minuto. Los descabeza y desviscera en una sola operación, de modo que el pescado queda listo para ser lavado y salado.

Todas las piezas mecánicas las hace él o las encarga, con la precaución suficiente para hacerlo en cuatro talleres diferentes con el fin de que no sepan qué destino tendrá cada una de ellas. Después de tres años de esfuerzos puede decir que en ocho horas es capaz de preparar 20.000 kilos de pescado, el equivalente al trabajo de cuarenta operarios.

Tres empresas se interesan por la patente. Se la lleva Sömme & Sundt, con sede en Bilbao. El trato es recibir un 15 por ciento de cada unidad vendida. Confía en vender 300, pero se queda en 35. Y lo que es peor, el invento se lo plagian cerca y lejos, en Foz y en Suecia. La Sömme & Sundt la comercializa en Escandinavia y en Foz, Damián López instala una réplica similar. Anselmo renuncia a la vía judicial y llega a un acuerdo con el empresario.

En 1963 Marcel Camus triunfa con la versión cinematográfica del Orfeu da Conceição, de Vinícius de Moraes, que titula Orfeo Negro, cuando Anselmo decide meter las narices en la exhibición de películas. Había tenido un aserradero en Casanova, pero supuso que una sala moderna y con todos los adelantos sería un éxito en Viveiro, como así fue durante años. Luego, en el 82, el edificio se transforma en el Hotel del mismo nombre, y hace apenas unos años, una nueva modernización lo convierte en el Hotel Urban de los Balseiro.

Falta por reseñar la última de las vocaciones del inquieto Goás Ladra, su pasión por escribir que ha dado como fruto tres novelas, El puente de la vida, Mi pequeña Julia y Alguien que anda por ahí.

Un comentario a “Goás Ladra, el inventor que exhibía películas”

  1. rois luaces

    No había oído nunca lo de ‘… o cú a a curuxa’, pero parece claro que el ‘non che teño medo, moucho’ de Rosalía, ha contaminado la frase, que, como dice de Goás, juega con el análisis -destripado- de las cosas, empezando por lo lingüístico: cu – curuxa

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