El piloto de Viveiro que aterriza en Covas

Hace hoy 95 años, Alfredo Gutiérrez incia la primera vuelta aérea a España a salto de mata (8-VII-2024)

SI CONSULTAN QUIÉN realiza la primera vuelta aérea a España seguramente les dirán que el capitán Haya y Pedro Tauler en 1927.

Esa información no es del todo exacta. Otra pareja de aviadores lleva a cabo una vuelta aérea a la península tres años antes y uno de ellos es el alférez Alfredo Gutiérrez López (Viveiro, 1899). En descargo para quienes tienen al capitán Haya como pionero, diremos que ambas aventuras son de distintas características.

En los primeros días de julio de 1924 se anuncia que el sevillano Guillermo Delgado Brackembury, comandante de Infantería del servicio de Aviación, acompañado por el alférez de Caballería, también del servicio de Aviación, Alfredo Gutiérrez López, van a dar la vuelta a España en aeroplano, según un itinerario que parte de Madrid hacia Zamora y Vigo; y una vez en la costa, volar hacia A Coruña y Lugo, recorrer el Cantábrico, el Mediterráneo y llegar a Huelva.

La humildad de los dos protagonistas y la misión militar que anima la vuelta hacen que su hazaña no alcance la fama de ser la primera, pero motivos hubo para considerarla una aventura de gran mérito.

_ No se trata de un raid efectuado con una finalidad brillante, para batir récords establecidos, ni de una proeza de aviación _ dice el comandante Delgado al regreso.

Y añade:

_ Ha sido una simple prueba, encaminada a obtener datos prácticos, relativos a planicies aprovechables para el aterrizaje.

Nada más y nada menos. Es decir, que los dos aviadores, además de realizar el periplo marcado, han tenido que probar campos de aterrizaje improvisados con destino a una posible utilización militar. ¡Y ser los primeros en hacerlo en España!

Delgado Branckdembury pertenece a una familia de la aristocracia sevillana y es jefe del Aeródromo de Getafe, donde da clases como su segundo, Alfredo Gutiérrez. Ambos salen de Madrid hace 95 años, el 8 de julio. Utilizan un aparato Avro-Escuela del año 1912, con motor rotativo, de poca velocidad y falto de otros avances que en aquellos tiempo ya existían.

Se elige ese modelo por su contrastada resistencia, necesaria para aguantar los aterrizajes. El fin del viaje es ése, facilitar a la sección de Aeronáutica del Ministerio de la Guerra datos convenientes sobre los terrenos aprovechables para servir como campos de aviación, “de los que existen tan pocos en España”, se comenta en ese momento.

La dificultad es evidente hasta para cualquier profano. El Avro tuvo que descender hacia llanuras de las que se tiene una información muy elemental, o que sencillamente son desconocidas en su vertiente aérea. En total llevan a cabo 39 tomas de tierra, de las que únicamente siete se realizan en aeródromos. Dicho de otro modo, 32 veces bajan hacia patatales, playas o prados de apariencia practicable.

Cuando descienden en O Porriño, docenas de lugareños rodean un aparato que jamás han visto y el gallego Gutiérrez le traduce a Delgado algunos comentarios. Por ejemplo, unas mujeres de edad avanzada se santiguan y gritan:

_ Chegou o Anticristo!

En la cola del aparato se pinta el popular perrito de Xaudaró, el dibujante del Blanco y Negro. “En algunos puntos, en lugar de decir que había llegado un aeroplano, se afirmaba que acababa de aterrizar el perro”, comentan los héroes.

Seis años más tarde, cuando Alfredo Gutiérrez López vuela con una escuadrilla de tres aparatos de reconocimiento y bombardeo, los desvía y hace que aterricen en la playa de Covas, su pueblo natal, para asombro de sus paisanos. Experiencia para hacerlo no le falta.

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