Un álbum de cromos en blanco y negro

En el cuarto aniversario de Baldo Pestana, el hombre que sabía mirar (7-VII-2015)

LO DECÍA CON auténtica pena. “No haber fotografiado a Cortázar es una espinita que tengo clavada”. Y aunque la frase puede sonar pretenciosa entre quienes no lo conocieron, lo cierto es que la galería de personajes que Baldo Pestana (Castroverde, 1918), tuvo delante de su cámara es tan amplia que se comprende ese lamento por la ausencia de Julio Cortázar, un hombre que además está vinculado a Lugo a través de Aurora Bernárdez.

Los antecedentes de ese otro álbum que construye durante su vida Pestana nos los contó Carmen Rico Coira el año pasado: “Desde novo tiña unha colección de fotos de escritores e intelectuales, pero non era unha colección casual como se coleccionase cromos, era o seu mundo. Era como se tivese unha vida paralela. Polo día daba puntadas de xastre e o resto do día dedicábao ao seu mundo, ao mundo das letras, da arte, dos pintores. El tiña moitas habilidades para escribir, para pintar e para debuxar, pero moi poucas posibilidades para aprender”.

Hablemos de algunos de sus modelos más significativos.

Dizzy Gillespie. Fue el primero de sus cromos. Ocurrió durante una actuación del músico en Buenos Aires a principios de los 50, mucho antes del traslado a Perú en 1957, cuando se hace fotógrafo de verdad.

Enrique López Albújar. La primera foto en Perú. Albújar, ya muy entrado en años, dijo al verla: “Sí, acá estoy esperando la muerte”. No era para tanto, el autor de los Cuentos andinos tarda casi diez años en morir.

Gabriel García Márquez. La foto más nombrada. Necesitó para conseguirla un centenar de disparos. Fue en 1968 y Gabo se la dedica de puño y letra, aunque tendría que haber sido al revés. “Para Baldo, de la menos fotogénica de sus víctimas”.

Sebastián Salazar Bondy. También se la firma con una frase humorística: “El arte es un ojo. El suyo en este caso. Gracias”.

Ciro Alegría. A partir de las fotografías que le hace, Baldo descubre el filón que significa especializarse en un álbum de personajes destacados.

Jorge Luis Borges. Se cruza con él en una calle de Lima y le hace tres fotos sin que el escritor se dé cuenta. No se hablan. Baldo piensa que habrá una segunda oportunidad. Y la hay, pero Borges ya está ciego y él se niega a retratar “una mirada sin vida”.

Julio Ramón Ribeyro. Lo representa al lado de una ventana, a la espera de un libro conjunto que no pudo ser.

Víctor Raúl Haya de la Torre. El retrato del líder aprista peruano sirve para figurar en los billetes de 50 mil intis.

Mario Vargas Llosa. Lo fotografía después de publicar La casa verde, muy joven todavía. Baldo piensa que sus pocos años y sus ademanes de conquistador son un inconveniente para el retrato. Aunque ya lo intuye avispado y puede sospechar hasta dónde llegará en la literatura, como galán, ni se lo imagina.

Lee Kun-Hee. El retrato al presidente de Samsung le abre las puertas para que cincuenta litografías suyas figuren en otros tantos despachos de la multinacional en todo el mundo.

José María Arguedas. Su retrato es el del olvido. “Una ramita sin hojas en una ventana”. Así lo resume él. Arguedas lo expresa con mayor crueldad, suicidándose.

Bioy Casares, Pablo Neruda, Atahualpa Yupanqui, Bryce Echenique, Carlos Fuentes, Polansky, Blanca Varela, Man Ray, Laxeiro y tantos otros.

Velia Martínez, su bella compañera hasta el final, pintada, no retratada, es nuestra imagen del cromo de Baldo.

Un comentario a “Un álbum de cromos en blanco y negro”

  1. Carmen Rico Coira

    Muchas gracias José. Se agradece el recuerdo siempre y en todo lugar, pero , yo, que le conozco tanto, sé que nada le conmovía más que las muestras de cariño en su tierra tan poco vivida y finalmente tan querida.

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