Aréjula, el misterioso ufólogo de Viveiro

Su obra desconcierta a los investigadores y los divide en dos bandos, los admiradores y los detractores

EL APELLIDO ARÉJULA llega al norte de Galicia a través de varios marinos, pero el nacimiento de Francisco Aréjula López (Viveiro, 1903) tiene otra explicación, puesto que ese año es nombrado administrador de la Aduana de aquel puerto quien venía siendo el oficial vista de la de Tui, Bibiano Aréjula Martín, su padre.

Francisco Aréjula se convertirá en un auténtico personaje dentro del mundo de la ufología española, tanto por lo que hizo, como por lo que de él se dijo, sin que lo hiciese.

Su abuelo, Bibiano Aréjula y Pelegero, es un teniente de Infantería, con galones ganados en África. Hijo de éste es Aréjula Martín, que entra en el Cuerpo pericial de Aduanas el año 1892. Tras los destinos de Tui y Viveiro, en 1909 es nombrado oficial vista de la Aduana de Oviedo, donde coincide con el cofundador de la Revista de Occidente, Fernando Vela, aduanero también. De ahí pasa a ser interventor de Aduanas de Tetuán, donde se instala toda la familia hasta que en la década de los veinte, Francisco va a Barcelona para estudiar Física, aunque en realidad se hace policía autonómico de la Cataluña republicana y desde esa posición privilegiada vive todos los acontecimientos del Estat Catalá, del anarquismo y de aquella convulsa ciudad que desemboca en el cataclismo de la guerra.

Antes, en agosto de 1930, tiene que volver a Tetuán porque Bibiano, su padre, ha caído gravemente enfermo. Como no se recupera, la familia abandona África para venir a la península y morir en ella.

Como policía, Francisco se ve obligado a declarar en el caso de los famosos hermanos Badía, tan queridos hoy por el presidente Torra, pero su paso por el cuerpo va a ser recordado porque al de Lugo le gusta conferenciar y lo hace repetidas veces.

A excepción de unos artículos publicados en Argentina el año 1955, del policía vivariense Francisco Aréjula no volvemos a tener noticias hasta que en 1969 autoedita “Fundamentos de la mecánica cuántica”.

Lo hace gracias a la herencia de una tía suya, que también le va a servir para dar a la imprenta su segundo libro, “Hacia una física de los ovnis”, que llama mucho la atención.

Instalado ya en Son Rapinya, a las afueras de Palma de Mallorca, el científico autodidacta es un solitario vecino de la isla, preocupado en dar explicación científica al vuelo de los platillos volantes. El propulsionismo es un campo del que poco o nada se ha investigado hasta ese momento, teniendo en cuenta que hablamos de especulaciones. Este segundo libro es un compendio de fórmulas al que solo unos auténticos especialistas podrían calificar o no de fraude. El propio Aréjula lo advierte en su portada, pero quizás por eso y porque las formulaciones son enrevesadas, el libro cobra fama de excepcional, sin méritos científicos para ello, aunque con todo el misticismo que cada cual quiera atribuirle

Entre los escasos contactos que Aréjula mantiene con otros ufólogos figura uno, epistolar, con el mítico Antonio Ribera, que trata de conocerlo, pues le intriga la obra del hijo del aduanero de Viveiro.

Cuando lo intenta, Aréjula ya ha muerto el 14 de abril de 1978 de un enfisema pulmonar sin siquiera poder apagar la luz de su habitación, donde permanece cadáver unos días. Luego la leyenda se cierne sobre él haciéndolo víctima de manipulaciones alienígenas; pues se llega a decir que está exangüe y con algunas vísceras arrancadas, como si fuese ritualizado por extraterrestres preocupados por sus libros, que habrían sido censurados en la Tierra.

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