De la Vega, a golpe de hacha y motosierra

Hace un año termina su escultura de Ringo Star, que el Beatle conoce en A Coruña

HACE EXACTAMENTE UN año, en Galicia estuvo a punto de producirse, como diría Leire Pajín, una conjunción planetaria de Beatles en carne y hueso y Beatles en tres dimensiones.

Uno de los factores desencadenantes de tamaña coincidencia fue el médico coruñés Chema Ríos, que amén de forofo del inmortal cuarteto de Liverpool, goza de un consolidado espíritu emprendedor.

Dicho a grandes rasgos, ocurre que Ríos había promovido una estatua de Lennon para ser instalada en A Coruña, a donde en 2018 acude su mediohermana, Julia Baird. Y aprovechando que Ringo va a actuar en la ciudad, Chema habla con su amigo, el escultor Álvaro de la Vega (Paradela, 1954), para que acometa una escultura del batería en madera de castaño, de más de 120 kilos de peso.

La apoteosis final debería ser un encuentro en los jardines de Méndez Núñez entre Julia y Ringo ante las escultura de John realizada por José Luis Ribas, y la de Ringo, realizada por Álvaro, pero el plan queda mermado, porque resulta que la hermana de Lennon y Ringo… como que no.

De todo ese bochinche quedan al menos dos piezas tangibles, como son las obras de Ribas y de Álvaro.

El de Paradela trabaja a machete y motosierra, instrumentos broncos con los que desbasta la madera que luego perfila en sus detalles con las gubias. De todas formas, su técnica es ruda y diríase que de ella no puede salir nunca una cara parecida a la de Ringo.

Algo así debió pensar el músico cuando Chema Ríos le remite unas fotografías en las que se ve a De la Vega, hacha en mano, atacando el tronco que deberá convertirse en su cabeza. O armado de motosierra para cortarle las hechuras de la americana.

Tendría que haber escuchado uno los principios en los que fundamenta su arte el de Paradela: “Se un artista non é individualista, non é verdadeiro” y entonces comprendería que tanto en su faceta de escultor, como en la de pintor, Álvaro de la Vega es como sus obras, una pieza única que se construye a machetazos y produce esos brazos alargados que parecen dispuestos a clamar eternamente, esas manos de trabajador, ásperas y auténticas, esos cuerpos destinados a estar de cualquier manera, patas arriba, arrimados, de pie… como a cada cual le corresponde en la vida.

El artista se considera tocado por la revelación de Van Gogh, pues aunque lo suelen adscribir al impresionismo, Van Gogh es lo suficientemente original para salirse del ismo y encajar con sus exigencias de autenticidad, originalidad e individualismo.

El descubrimiento del pintor ocurre en Luarca, en la etapa que vive allí con su hermana estudiando el bachillerato. “A Picasso, a Tapies, a Saura non os entendía. A arte abstracta tampouco”, confiesa con total sinceridad a su paisano Manuel Rodríguez López cuando lo entrevista para este periódico en 1981.

Después de Luarca, Álvaro de la Vega termina el bachillerto en Lugo. Le tienta hacer la carrera de Bellas Artes, como mandan sus inclinaciones vocacionales, pero desiste “porque o que fan na facultade é interpretar a arte a partir do Renacemento e, teóricamente, saes da Universidade como ensinador de artistas. Eu non quixen refrenar os propios impulsos e preferín aprender cos meus fallos, procurando satisfaccións persoais, sen canles academicistas “.

El también es beatlemaníaco desde la adolescencia e incluso se siente músico frustrado. Por eso el encargo de Ringo le sirve para unir dos de sus pasiones.

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