Ramis, más gamberro que Zipi y Zape

El dibujante de Chantada es autor, negro, continuador o versionista de lo que haga falta en el mundo del cómic

VINO HECHO PARA pintar monos. No confundir con ser un pintamonas. Desde que llega a Barcelona en 1967, Juan Carlos Ramis (Chantada, 1962) se dedica a copiar los personajes de Escobar e Ibáñez. ¿Quién le iba a decir la relación que llegará a tener con ambos?

“Yo era el típico estudiante que tenía mi pupitre lleno de dibujitos, el que cuando había una celebración o algo similar en la escuela hacía el guión o ideaba cómo sería la actuación teatral etc.” Pero mantiene una extraña relación con el cómic. Ni los lee, ni los colecciona, y en casa solo tiene los suyos que no ha destruido.

Ramis es un trabajador a destajo. Siempre lo fue y aunque se le junte la noche con el día, no habrá ningún encargo sin cumplir en el plazo prometido. Como profesional se estrena en Lecturas o El Papus, bien el 1978 o 79, es decir, cuando tiene la tierna edad de 16 o 17 años. Luego se cuela en revistas de humor erótico y crea un personaje que no parece tener contención, Dirty Pig. Es para la editorial Norma en la revista A Tope. “Ahí yo daba rienda suelta a todas las desviaciones que tenía en mi cabeza”.

En Humor a Tope hay unos Ramis muy reconocibles que tienen mucho éxito. La revista es también de Norma Editorial, donde se encuentra cuando una tarde nevada de 1986 _ como para no acordarse siendo Barcelona _, alguien lee en un periódico que en la calle Rocafort se buscan dibujantes para revistas infantiles.

Es Ediciones B y hacia allá se va Ramis con una carpeta de dibujos subidos de tono, el muy bestia. Son los que tiene a mano por su trabajo en Norma y claro, en absoluto parecidos a los que allí necesitan. Pero gusta y le encargan un personaje que encaje al lector infantil. Tiene que reciclarse. Adiós a las tetas.

Nace entonces Sporty, un chico obsesionado con el deporte. También aparecen Alfalfo Romeo, Doctor Burillo, Estrellito Castro, los Xunguis, con su amigo Cera, y secciones, y chistes… una gran producción.

Con Estrellito Castro le sale el ramalazo gallego. Es un muchacho que viaja por mundos desconocidos a modo de moderno emigrante y armado con una pistola espacial de la que puede salir cualquier cosa. Su autor reconoce influencias de Mortadelo, que se disfraza en cada momento de lo que le da la gana.

El día de San Froilán del año 2000 _ seis años después de la muerte de Josep Escobar, el creador de Petra, criada para todo, Don Óptimo o Carpanta _, se anuncia que Juan Carlos Ramis y Joaquín Cera son los autores de nuevas aventuras de los gemelos Zipi y Zape, en la línea consolidada por su creador, pero con novedades, como que los dos hermanos son entusiastas usuarios de ordenadores y febriles consumidores de videojuegos. Ediciones B, dueña de los fondos de la desaparecida Bruguera, acuerda con la familia Escobar esta resurrección. “El objetivo es contentar a los de toda la vida y enganchar a los chavales de ahora”. Doña Jaimita, la madre, se ha incorporado al mundo laboral y Don Pantuflo, el padre, ya nos les dirá que se presenten “ante su paternidad”. Cada dos meses aparecerá un nuevo álbum.

Sin embargo la idea no funciona. Ramis lo explica por dos motivos: “Los chavales jóvenes no sabían quiénes eran Zipi y Zape y los lectores mayores lo consideraron una cosa rara. A ellos les gustaba el auténtico”. De estos nuevos hermanos gemelos se publican cinco tomos de 48 páginas cada uno.

Tras esa experiencia, escribe guiones de animación, hace de negro de Ibáñez, y trabaja por las tardes en una empresa de licencias. “No tengo mucho tiempo para más”.

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